¿Qué sucede cuando en una universidad se acepta que “todo vale”? Lo que comenzó como una provocación filosófica sobre el relativismo se ha transformado, en la Universidad Autónoma de Chiriquí, en una profunda crisis de gobernanza.
A diferencia de la decadencia intelectual descrita por el filósofo Allan Bloom, la UNACHI enfrenta una crisis política donde la gobernanza se ha prostituido. Cuando impera la cultura del “todo vale”, el mérito se vuelve irrelevante, el nepotismo se disfraza de lealtad y las denuncias de corrupción se convierten en problemas que no importan. Como advirtió Mario Bunge, quien cree que no existen las verdades, deja de buscarlas. Esto ha derivado en el llamado “feudalismo de la cátedra”, donde se premia la lealtad política por encima del talento y la excelencia educativa.
Analistas como Carlos González de la Lastra denuncian que las universidades públicas panameñas se han convertido en sistemas políticos cerrados, donde la permanencia en el poder depende de redes de lealtad y no de resultados verificables. Esta distorsión de la autonomía universitaria ha permitido que el clientelismo y la degradación moral se vuelvan sistémicos.
Sin embargo, la universidad debe ser el antídoto contra este relativismo. Su función esencial es formar ciudadanos críticos capaces de discernir entre el interés colectivo y la conveniencia personal. La recuperación de la institución no depende del optimismo ingenuo, sino de actos concretos: estudiantes que denuncian, profesores que enseñan con integridad y administrativos que rechacen el oportunismo.
Frente al oscurantismo, la única herramienta práctica es la decisión de buscar la verdad y resistir la decadencia para que el talento, y no las conexiones políticas, sea el verdadero pasaporte al futuro de los jóvenes panameños.
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