Perú se encuentra en una encrucijada política decisiva. El cierre de la campaña para la segunda vuelta presidencial ha dejado un escenario de máxima incertidumbre: un sondeo privado revela un empate técnico entre los candidatos Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, con una mínima ventaja para el representante de la izquierda.
Ambos candidatos realizaron sus mitines finales en Lima, centrando sus esfuerzos en convencer a los votantes indecisos, quienes serán determinantes para definir el rumbo del país. El eje central de la disputa es la búsqueda de estabilidad, un anhelo crítico tras una década marcada por el caos y la sucesión de ocho presidentes debido a constantes destituciones legislativas.
Keiko Fujimori, candidata de derecha y líder de Fuerza Popular, prometió alcanzar la reconciliación nacional en un plazo de cinco años. Fujimori fue enfática al señalar que solo pretende gobernar durante un mandato único, sin buscar la reelección inmediata, marcando una distancia con la trayectoria de su padre. Según la candidata, su proyecto representa el progreso frente a lo que ella define como el odio y la venganza.
Por su parte, Roberto Sánchez, exministro de Pedro Castillo y candidato de izquierda, apeló a la unidad para restablecer el equilibrio de poderes. Sánchez prometió como primera medida derogar las llamadas leyes procrimen y reivindicó la figura de Castillo, asegurando que le otorgará un indulto por su condena relacionada al fallido golpe de Estado de 2022. Para Sánchez, su candidatura es el hito de un nuevo proyecto popular destinado a refundar la patria.
El ganador de este proceso obtendrá el mandato para gobernar Perú entre 2026 y 2031, decidiendo si el país retoma la línea del fujimorismo o apuesta por un proyecto de izquierda.
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