El próximo 5 de junio llegará a las salas de cine 'La luz', la nueva producción dirigida por Fernando Franco que se posiciona como una de las propuestas más destacadas de 2026. Aunque el cine ha tratado en diversas ocasiones la problemática de la pederastia dentro de la Iglesia católica, esta obra introduce un punto de vista inédito al centrar la narrativa en la figura de un sacerdote acusado de cometer abusos, interpretado por Alberto San Juan. La cinta, que cuenta con la participación de RTVE, se apoya en un reparto excepcional compuesto por actores de la talla de Pedro Casablanc, Miguel Rellán, María Galiana, Luis Callejo y Ramón Barea.
La trama se centra en la vida de Manuel, un párroco muy apreciado por su comunidad. La historia comienza cuando Manuel, quien ha iniciado una relación sentimental con otro hombre, manifiesta su deseo de abandonar el sacerdocio. Sin embargo, este proceso se ve truncado y complicado por la revelación de los abusos que cometió hace treinta años. Este giro narrativo llevará al protagonista a tomar una decisión que promete hacer temblar los cimientos de la jerarquía eclesiástica.
Alberto San Juan, quien asume el desafío de dar vida a Manuel, ha señalado que este papel representa probablemente su mejor interpretación. El actor reflexiona sobre la naturaleza humana, destacando que el ser humano posee una potencia terrible para destruir a otros. En este sentido, San Juan explica que el director Fernando Franco evitó retratar al personaje como alguien extraño o con un trastorno mental que justificara sus actos; el objetivo era mostrar, simplemente, a un ser humano. Según el actor, Manuel es una persona que no desarrolló una vida afectiva ni sexual saludable, moviéndose en un marco de represión mental que lo llevó a vivir la sexualidad de una forma perversa y destructiva.
Desde la dirección, Fernando Franco ha sido enfático al declarar que 'La luz' es una película respetuosa con la fe católica y cualquier otra creencia. El propósito del filme no es mostrar los abusos en sí mismos, sino analizar la gestión institucional de la Iglesia, específicamente el encubrimiento de estos delitos y el daño sistemático causado a las víctimas al proteger a los abusadores. Franco atribuye este comportamiento a un "mal instinto de conservación del privilegio", argumentando que una institución tan poderosa, jerarquizada y patriarcal tiende a encubrir casos para proteger su estatus y mantener privilegios materiales y simbólicos que, en ocasiones, contradicen los propios Evangelios y han permitido una impunidad histórica.
El origen del proyecto surge de una propuesta de la productora Merry Colomer, quien tras investigar noticias sobre los abusos en la Iglesia, propuso al director realizar una obra sobre la gestión del problema. Franco se documentó exhaustivamente y contó con total libertad para la escritura del guion, asegurando que la historia estuviera avalada por múltiples perspectivas, incluyendo testimonios de víctimas, periodistas de investigación, sacerdotes y miembros de diversas diócesis.
Un punto fundamental de la película es la visibilización del trauma psicológico de las víctimas. Alberto San Juan menciona que las heridas producidas por abusos sufridos en la infancia, específicamente entre los ocho y diez años, son extremadamente difíciles de cerrar, ya que afectan la esencia misma de la persona en pleno desarrollo. El actor subraya que las víctimas a menudo necesitan décadas para procesar lo ocurrido y reunir la fuerza necesaria para denunciar, un proceso tan prolongado que, en muchos casos, los delitos prescriben antes de que se pueda presentar la denuncia formal.
El estreno de 'La luz' no es casual, ya que coincide con la visita del Papa León XIV a España. Fernando Franco ha indicado que la película lleva en su ADN la intención de generar debate y fomentar el diálogo, por lo que el momento de la visita papal es ideal para impulsar dicha discusión. Respecto a la situación actual de la Iglesia, el director califica la gestión de los abusos como "desigual", señalando que, debido a la división por diócesis y archidiócesis, no todas afrontan el problema de la misma manera. No obstante, concluye que, en términos generales, las acciones se están implementando de forma muy lenta, una opinión que, según Franco, es compartida incluso por algunos obispos que demandan un abordaje más firme, claro y rápido.


