Con el paso de los años, actividades que parecen insignificantes en la vida cotidiana pueden transformarse en verdaderos desafíos. Acciones tan simples como abrir una botella o sujetar un frasco pueden volverse complicadas debido a la aparición de dolor, rigidez o una pérdida progresiva de la fuerza en las manos. Según Damián Duartes Noé, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Británico, estos síntomas representan motivos de consulta extremadamente frecuentes entre los adultos mayores.
Un error común entre los pacientes es atribuir estas dificultades únicamente al proceso natural de envejecimiento. Sin embargo, el especialista advierte que estas manifestaciones pueden esconder distintos tipos de compromisos: articulares, tendinosos o neurológicos. Lograr diferenciar la causa exacta es fundamental, ya que esto permite orientar el diagnóstico correcto y determinar el momento oportuno para acudir a un médico o a un especialista en reumatología.
Dentro del grupo de afecciones articulares, la causa más recurrente es la artrosis. Se trata de un proceso degenerativo vinculado al desgaste y al engrosamiento de ciertas articulaciones. Este cuadro suele manifestarse a través de un dolor lento y progresivo, denominado "dolor mecánico", el cual aparece principalmente al utilizar las manos y suele provocar una rigidez breve durante las primeras horas de la mañana. Además, la artrosis puede derivar en deformidades progresivas en los dedos, lo que dificulta aún más la capacidad de sostener objetos o realizar tareas domésticas.
Es crucial diferenciar la artrosis de la artritis, ya que son cuadros totalmente distintos. Mientras que la artrosis es un proceso mecánico y degenerativo asociado al crecimiento y desgaste, la artritis es un proceso de inflamación que puede ocurrir a cualquier edad. El dolor de la artritis se define como "inflamatorio", caracterizándose porque no surge necesariamente por el uso de las manos, sino que tiende a exacerbarse durante el reposo.
Las causas de esta inflamación son variadas. En algunos casos puede ser de origen autoinmune, como ocurre con la artritis reumatoidea. En otras ocasiones, se trata de artritis cristálicas, provocadas por la acumulación de cristales en las articulaciones. Un ejemplo es la gota, donde se acumulan cristales de ácido úrico, o la artritis cristálica por pirofosfato de calcio, muy frecuente en la vejez. En estos casos, el cristal no inflama por sí mismo, sino que es el sistema inmunológico el que, al detectar un elemento extraño en la articulación, reacciona atacándolo.
Más allá de las articulaciones, existen compromisos en los tendones y tejidos blandos. En adultos mayores, es común observar una sensación de tirantez en la palma o dificultad para extender los dedos completamente. Un ejemplo es la contractura de Dupuytren, donde la formación de bandas fibrosas en la palma genera dureza y la contracción de uno o más dedos, condición más frecuente en personas con diabetes. Asimismo, el "dedo en resorte" ocurre cuando se forma un pequeño nódulo en el tendón, provocando que el dedo quede trabado y requiera de la ayuda de la otra mano para abrirse o cerrarse, siendo más común en personas que trabajan intensamente con las manos.
El especialista también señala la importancia de considerar causas no reumatológicas, como la retención de líquidos (edema) derivada de problemas cardíacos o hipotiroidismo, lo que resalta la necesidad de un trabajo interdisciplinario entre médicos. En el ámbito neurológico, el síndrome del túnel carpiano es muy habitual; se produce por la compresión del nervio mediano en la muñeca, generando adormecimiento, hormigueo, dolor nocturno y pérdida de fuerza, especialmente en los dedos pulgar, índice y medio. A esto se suma la neuropatía diabética en pacientes con diabetes, que puede causar debilidad, ardor y pérdida de sensibilidad.
Desde el punto de vista muscular, Duartes Noé advierte que a partir de los 45 años se inicia una pérdida de masa muscular. Si esta pérdida ocurre en las manos y se combina con artrosis, la fuerza y la habilidad se ven reducidas significativamente.
Para combatir este deterioro, el diagnóstico precoz es vital para evitar la discapacidad y mejorar la calidad de vida. El tratamiento varía según la patología: en la artrosis se recurre a fármacos para aliviar el dolor y frenar el avance degenerativo, siempre bajo indicación médica para evitar la automedicación. Esto suele complementarse con fisiokinesioterapia y, en ocasiones, el uso intermitente de férulas.
Finalmente, el reumatólogo recomienda ejercicios sencillos de cinco minutos diarios para recuperar la fuerza y el rango de movimiento. Entre ellos destacan apretar y soltar una pelota de tenis blanda, pellizcar una esponja dura con el pulgar y el primer dedo, utilizar una banda elástica alrededor de los dedos para intentar abrir la mano y realizar extensiones apoyando la mano sobre una mesa e intentando levantar el brazo sin despegar la palma.


