Un intenso debate sobre la ética periodística y la imparcialidad ha surgido a raíz de las posturas críticas frente a la candidatura de Roberto Sánchez. El cuestionamiento nace de una discusión entre un periodista experimentado y una recién egresada de la universidad, quien, basándose en sus clases de ética, planteaba la imparcialidad como una virtud inherente e indispensable para cualquier profesional de la comunicación. Sin embargo, la contraparte sostiene que dicha neutralidad resulta insostenible cuando un candidato representa una amenaza directa para el estado de derecho, la democracia y la inversión privada.
La crítica central contra Roberto Sánchez se enfoca en la existencia de dos versiones de su propuesta política. Se denuncia que el candidato ha presentado un plan de gobierno "maquillado" con el objetivo de captar los votos de los ciudadanos indecisos, mientras que su plan real contemplaría medidas drásticas como la expropiación y la estatización. Para quienes mantienen esta postura, Sánchez es descrito como un personaje falso y sin escrúpulos que ha cultivado alianzas estratégicas con figuras polémicas como Antauro Humala, a quien se acusa de ser un asesino de policías y a quien el candidato estaría ocultando por conveniencia política.
Asimismo, se señala la admiración de Sánchez hacia figuras como Evo Morales y Nicolás Maduro. El análisis advierte que estos modelos políticos en Bolivia y Venezuela han fracasado rotundamente, convirtiendo a sus naciones en estados dirigidos por sátrapas que destruyeron la estabilidad de sus países. En este contexto, se plantea que, aunque otras opciones políticas tampoco sean ideales —mencionando el caso de Keiko Fujimori, cuya trayectoria es criticada por estar marcada por venganzas y rencores que perjudicaron a la población—, la prioridad actual debe ser la protección del futuro del Perú frente al comunismo, sistema que es señalado como un detonante de la pérdida de libertades.
Para sustentar esta advertencia, se recurre a la experiencia periodística directa a través de informes realizados sobre la crisis migratoria venezolana. Los testimonios de quienes huyeron de Venezuela reflejan una realidad devastadora provocada por una dictadura chavista bajo un modelo comunista que, durante dos décadas, erosionó la economía nacional, generando niveles críticos de escasez, inflación y desempleo. Los migrantes recuerdan con nostalgia una Venezuela próspera donde el trabajo honrado permitía a profesionales y obreros adquirir viviendas, vehículos y brindar educación de calidad a sus hijos.
Los relatos recolectados en Perú muestran la precariedad de estos ciudadanos, quienes, a pesar de poseer altas cualificaciones académicas, han tenido que sobrevivir trabajando como operarios de limpieza, choferes o vendedores ambulantes. Entre los casos más dramáticos se encuentra el de una médica cirujana, quien migró buscando crecimiento profesional ante un sistema de salud colapsado en su país, donde los sueldos de los profesionales de la salud podían rondar los 30 dólares mensuales.
Otro testimonio relevante es el de Oswaldo, un licenciado en Administración que gozaba de una vida acomodada y viajes frecuentes al extranjero, pero que vio cómo la hiperinflación redujo su capacidad adquisitiva al punto de que su sueldo apenas alcanzaba para comprar un kilo de harina. En Perú, Oswaldo ha tenido que desempeñarse como chofer de una empresa de fumigación, vendedor de tizana, pelador de pollos y taxista para subsistir. De igual manera, la ingeniera industrial Joselyn relató que en Venezuela debía hacer colas de hasta dos días para conseguir alimentos, muchas veces sin éxito. Debido a los altos costos de apostillar sus documentos, migró sin ellos y ha trabajado vendiendo ropa y pollo broaster en Perú, viéndose impedida de ejercer su profesión.
La conclusión de este análisis es una advertencia contra la tibieza política. Se sostiene que cualquier actor político que amenace con restringir las libertades de una nación debe ser mirado con sospecha, independientemente de que intente moderar su discurso para ganar votos. El riesgo es repetir la historia de países que comenzaron con líderes que juraban respetar la democracia y terminaron conduciendo a sus naciones hacia la ruina económica y social.


