Imaginen encontrar un hogar en las tierras lluviosas de Galicia, lejos del bullicio de Madrid o Barcelona. En esta región española, una pequeña comunidad de 867 ecuatorianos ha logrado construir su vida entre puertos, astilleros y ciudades costeras.
Juan Francisco, un ingeniero de petróleos quiteño, cambió los pozos petroleros por las profundidades del Atlántico. Tras enfrentar complicaciones con sus permisos de residencia, hoy se desempeña como Dive Master en La Coruña. Su meta es consolidar "Aya Huma Diving", un emprendimiento donde utiliza la máscara de la deidad andina como símbolo de resistencia y dualidad bajo el agua.
En Ferrol, la trayectoria de Rodrigo Cajamarca refleja una integración a través del servicio. Llegado desde Loja a los 15 años, Rodrigo se alistó en la Armada española en 2007. Inició su carrera en el escalón más bajo como aspirante a marinero y, mediante oposiciones y esfuerzo, hoy es sargento primero especializado en mecánica naval, supervisando sistemas críticos en fragatas modernas.
Complementando este tejido social está Miriam Pantoja, originaria de Ibarra. Filóloga y actual funcionaria de la Xunta, Miriam fundó en 2004 la asociación "Amespa" para brindar orientación legal y traducciones a quienes llegan a Galicia. Su capacidad políglota le ha permitido ayudar no solo a compatriotas, sino también a refugiados ucranianos en tiempos de guerra.
Aunque Galicia inicialmente pueda parecer distante por su clima frío o el idioma gallego, estos migrantes encontraron un punto de conexión: una tierra que, al igual que Ecuador, está marcada por el mar y la cultura de partir en busca de un futuro mejor. Son historias de resiliencia que demuestran que es posible prosperar lejos de casa.
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