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Antonio Ferrera conquista Las Ventas con un triunfo romántico y rebelde

Hay toreros que existen dentro del sistema y matadores que existen a pesar de él. Antonio Ferrera pertenece a la segunda categoría. Jamás se ha sujetado a

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Antonio Ferrera conquista Las Ventas con un triunfo romántico y rebelde
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Antonio Ferrera, el torero romántico y rebelde que siempre ha desafiado los cánones del sistema, vivió una tarde gloriosa en Las Ventas. El diestro recuperó su esencia más auténtica frente al toro Mentiroso, donde desplegó una faena natural y profunda que le permitió conquistar su primera oreja y despertar la admiración del público madrileño. La jornada alcanzó su punto máximo cuando Ferrera asumió la responsabilidad de lidiar el sexto toro tras el grave percate sufrido por Paco Ureña. Con valentía y entrega, el matador dominó al animal Monedero, culminando su actuación con una estocada de gran exposición que forzó la apertura de la Puerta Grande.

En el complejo ecosistema de la tauromaquia, existen dos tipos de figuras: aquellos toreros que se mueven cómodamente dentro de los engranajes del sistema y aquellos matadores que logran prevalecer y existir a pesar de él. Antonio Ferrera se inscribe, sin lugar a dudas, en esta segunda categoría. A lo largo de su trayectoria, el diestro ha evitado ceñirse a los cánones establecidos por los despachos y ha rechazado las expectativas que suelen fabricar la rutina del circuito taurino convencional. Desde hace años, Ferrera ha optado por un camino solitario en los ruedos, operando sin la estructura de un apoderado, defendiendo con el capote y la muleta una concepción romántica y particular del arte del toreo.

En su etapa actual de madurez, el maestro, nacido en Baleares pero formado en tierras extremeñas, ha encontrado su espacio más genuino y su refugio más fiel en las plazas de los pueblos y en los cosos de México. En estos escenarios, donde el aficionado prioriza la emoción pura por encima de la corrección técnica, sus decisiones y sus "locuras" han sido interpretadas y comprendidas como una verdadera forma de cordura. Por el contrario, existe un sector que se ha negado con frecuencia a otorgarse la oportunidad de apreciar a un torero de creatividad desbordante, un artista que no encaja en ningún catálogo predefinido precisamente porque su obra posee una naturaleza que no cabe en marcos convencionales.

La reciente corrida celebrada este sábado en la plaza de Las Ventas contó con la divisa de Adolfo Martín. Se trató de una ganadería caracterizada por toros con presencia, trapío y un carácter marcado, animales que exigen el máximo rendimiento y que no perdonan los titubeos en el ruedo. Para Antonio Ferrera, la tarde comenzó con un primer toro complicado, frente al cual se mostró francamente solvente. Posteriormente, toreó el cuarto ejemplar con gusto, pero el destino de la tarde le reservó una responsabilidad mayor al hacerse cargo del sexto toro, debido al grave percance sufrido por Paco Ureña, quien tuvo que retirarse a la enfermería tras recibir una cornada terrorífica en la pierna.

Ferrera, un lidiador forjado en mil batallas, asumió el compromiso de lidiar ese último toro con la naturalidad propia de quien ha dedicado su vida a resolver situaciones que otros no pueden o no quieren afrontar. No obstante, el punto culminante de su actuación ocurrió previamente con el cuarto toro, bautizado como ‘Mentiroso’. Este ejemplar, de buenas hechuras, cuajado y con un buen perfil, mostró su condición desde el primer momento al enseñar las palas. Ferrera lo recibió con lances pausados que obligaron al animal a humillar, especialmente por el pitón izquierdo, y lo entregó al tercio de varas con la autoridad de quien conoce perfectamente la materia que tiene entre manos. En el tercio de banderillas, la intervención de Ángel Otero puso al público de pie con un segundo par que provocó una ovación cerrada.

Con el escenario preparado para la muleta, Las Ventas fue testigo del regreso del Ferrera más auténtico. El matador se plantó pronto a la mano izquierda, sin recurrir a ayudas ni trampas, firmando tandas destacadas al natural que despertaron los aplausos de los madrileños. Posteriormente, sobre la diestra, tiró la ayuda y utilizó los vuelos de la muleta para enganchar al toro con suavidad, logrando llevarlo largo y profundo en una serie que elevó la intensidad de la faena. La culminación llegó con una gran estocada, ejecutada citando al toro a mitad de camino desde una distancia larga, lo que le valió conquistar la primera oreja de la tarde.

Finalmente, el sexto toro, ‘Monedero’, salió al ruedo con brio. Tras un recibo capotero variado, Ferrera asumió la suerte de varas subiéndose al caballo de picar, una acción ejecutada entre la pasión del respetable y cierta confusión y bronca en torno al cambio de tercio. A pesar de ello, el matador construyó una faena sentida, acompañando las embestidas del animal con armonía y entrega, ligando las series desde una distancia estrecha. La actuación culminó nuevamente con una estocada desprendida, ejecutada con gran exposición al citar al burel desde una distancia muy larga. Ante la respuesta del público, los pañuelos poblaron los tendidos y la Puerta Grande se abrió para Antonio Ferrera.

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