¿Está Rumania camino a una normalización del extremismo de derecha? El país atraviesa una crisis profunda tras el colapso del gobierno del primer ministro liberal Ilie Bolojan. A pesar de la mediación del presidente Nicusor Dan, los partidos moderados no logran acordar un sucesor, mientras las encuestas muestran un auge de la formación de extrema derecha AUR, que alcanza un 32% de intención de voto, superando el 24% del partido socialdemócrata PSD.
Lo más alarmante es la creciente colaboración entre el PSD y el AUR. Aunque el PSD afirma apoyar a la Unión Europea, se unió a los extremistas para derribar el gobierno mediante una moción de censura. Además, han votado juntos en proyectos polémicos: primero, un intento de revocar la prohibición de la propaganda antisemita, fascista y racista, y recientemente, una ley sobre organizaciones no gubernamentales inspirada en los modelos de Vladimir Putin y Viktor Orbán, que obliga a las ONG a revelar donantes que aporten más de mil euros anuales.
Este escenario es crítico debido a la posición de Rumania: es el sexto país más grande de la UE, un pilar estratégico de la OTAN en el sureste de Europa y posee la frontera más extensa con Ucrania.
El PSD, heredero del Frente de Salvación Nacional tras la caída de Ceaușescu, es visto por muchos como el epítome de la corrupción rumana debido a la permanencia de viejas élites comunistas en su estructura. Actualmente, la suma de tres partidos de extrema derecha —AUR, SOS Rumania y el Partido de los Jóvenes— ya controla cerca del 35% de los escaños en ambas cámaras del Parlamento, rompiendo el cordón sanitario que intentaba mantener a los extremistas fuera del poder.
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