¿Qué impulsa hoy el voto en el Perú? Históricamente, las temporadas electorales debían proyectar fe y esperanza, donde la seducción de un líder proyectara la certeza de un cambio. Un ejemplo claro fue Alan García en 1985, quien logró el 53% de los votos válidos mediante espectáculos de oratoria y música, aunque el lustro siguiente resultó nefasto para la historia del país.
Sin embargo, el escenario ha cambiado. Hoy, el voto ya no se decide necesariamente por la ilusión que despierta un candidato, sino por el sentimiento negativo hacia el contrincante: el fenómeno del "anti". Esta tendencia es el reflejo de una desconfianza estructural que caracteriza a nuestra sociedad.
Para entender este fenómeno, podemos recurrir a Francis Fukuyama, quien en su libro "Confianza" define este concepto como la expectativa de un comportamiento honesto y cooperativo basado en normas compartidas. Según Fukuyama, el bienestar y la capacidad de competir de una nación dependen directamente de este nivel de confianza inherente a su cultura.
Lamentablemente, para gran parte de los peruanos, la desconfianza es la sensación predominante. Cuando el voto deja de ser un acto de fe para convertirse en una "esperanza negativa" —votar únicamente para que el rival no sea elegido— nos encontramos ante una claudicación.
Como señaló la novelista Virginia Woolf en su obra "Orlando", existe en el ser humano una pasión fuerte por imponer sus creencias a los demás, una fuerza que a menudo se antepone al amor por la verdad. En el contexto electoral actual, el desafío es priorizar el bienestar general del país por encima de las filiaciones partidarias y el fuego cruzado.
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