En las calles, pasajes y diversos espacios públicos de Quito, es común encontrar una gran cantidad de perros abandonados que recorren la ciudad en busca de alimento, refugio o el afecto de alguna persona. Aunque en la capital existen albergues, casas hogar y diversas fundaciones dedicadas a brindar una vida digna a estos animales de compañía, la problemática persiste debido a una serie de escenarios complejos que dificultan la erradicación total del abandono canino.
En medio de esta realidad, surge la iniciativa de Alain Morocho, un joven de 26 años que ha encontrado una manera innovadora y tecnológica de llevar ayuda a quienes no pueden pedir alimento. Morocho, quien se desempeña profesionalmente como electricista de alumbrado público, ha decidido transformar un objeto tradicionalmente asociado con el juego infantil en una herramienta de labor social: un vehículo a control remoto diseñado para alimentar a los perros en situación de calle.
El proyecto comenzó hace aproximadamente un año. Inicialmente, Alain realizaba la entrega de comida de forma personal, acercándose directamente a los animales. Sin embargo, esta metodología presentaba un riesgo constante, ya que el joven se exponía a posibles mordeduras por parte de los canes. Ante esta situación, fue su propio padre quien le sugirió aprovechar su afición por los vehículos RC (radio control) para crear un puente de confianza entre él y los animales. La idea era simple pero efectiva: utilizar el carrito para acercar el alimento, permitiendo que los perros se sintieran más seguros y cómodos al momento de comer.
El vehículo, un modelo Axial SCX importado, ha sido bautizado como "El Magnífico". Este nombre responde al desempeño y a la capacidad de maniobra del carro, el cual ha sido sometido a diversas modificaciones técnicas para cumplir su función social. Debido a que el modelo original está fabricado mayormente en plástico, Alain tuvo que realizar cambios profundos en la carrocería y el motor para que el vehículo pudiera soportar el peso de las croquetas y desplazarse con mayor velocidad. Entre las mejoras destacan la instalación de un motor nuevo, el cambio del guardachoques y el uso de llantas especiales que le permiten escalar pequeñas montañas en terrenos baldíos y parques maltratados.
En términos de potencia y estructura, "El Magnífico" se asemeja a vehículos robustos como un Nissan Patrol o un Jeep Wrangler Rubicon. El carro, de color gris con detalles en negro en la parrilla, amortiguadores y la llanta de emergencia, posee un peso considerable, comparable al de un quintal de cemento. Su función principal es actuar como un "mesero" para los canes; el joven llena unos recipientes adaptados a la parrilla del vehículo con croquetas y lo conduce hacia los perros, quienes, al reconocer el dispositivo, se acercan con entusiasmo para alimentarse.
Esta labor no ha sido gratuita ni sencilla. Alain y su familia han invertido recursos significativos para hacer realidad el proyecto. El costo inicial del vehículo de fábrica fue de 850 dólares, a lo que se sumaron 200 dólares por el nuevo motor y otros 200 dólares en accesorios adicionales. En total, el valor del carrito ronda los 1.000 dólares, sin contar los costos recurrentes de mantenimiento necesarios para evitar que el equipo se dañe debido al terreno donde opera.
La jornada de Alain suele terminar a las 15:00, momento en el cual comienza sus recorridos por las zonas más recónditas de Quito. Acompañado por su padre, su madre y su hermana, visita tres o cuatro veces por semana barrios humildes donde la población de perros abandonados es más amplia. Entre los sectores donde "El Magnífico" hace sus apariciones se encuentran Las Casas, La Comuna, La Roldós, La Lucha de los Pobres y la Ferroviaria.
A través de esta experiencia, el joven ha desarrollado un fuerte apego hacia los animales. Aunque no los nombra, pues reconoce que su hogar actual es la calle, Alain ha llegado a defender a algunos de ellos de personas agresivas que los maltratan. Uno de los casos más destacados es el de un perro que, a pesar de presumiblemente tener un hogar, pasa la mayor parte del tiempo en la vía pública y ya reconoce las horas de llegada del vehículo, moviendo la cola en señal de agradecimiento.
Mirando hacia el futuro, Alain Morocho busca que su iniciativa evolucione. Actualmente utiliza las redes sociales para incentivar a más personas a unirse a esta labor social. Sus metas a corto plazo incluyen la implementación de su vehículo a control remoto para brindar ayuda a personas adultas mayores o ciudadanos en situación de vulnerabilidad. A largo plazo, el joven aspira a obtener los recursos necesarios para que "El Magnífico" sea la semilla de una fundación formal dedicada al rescate, cuidado y liberación de animales en situación de calle.


