La selección uruguaya ha asegurado su presencia en su quinto Mundial consecutivo, aunque el camino recorrido para lograrlo ha sido una montaña rusa de emociones, resultados y controversias. Lo que comenzó como un proceso arrollador bajo la dirección técnica de Marcelo Bielsa, terminó convirtiéndose en un trayecto empantanado, donde la clasificación numérica contrastó fuertemente con el nivel de juego y el clima interno del equipo.
El inicio de las eliminatorias sudamericanas estuvo marcado por una dinámica ascendente. Tras un arranque variado que incluyó una victoria local ante Chile, un empate en territorio colombiano y una derrota ajustada en la altura de Quito, la Celeste alcanzó su punto máximo de rendimiento. El 17 de octubre de 2023 marcó un hito en este periodo al derrotar 2-0 a Brasil, rompiendo el invicto del equipo brasileño. Esta tendencia se mantuvo en la siguiente jornada, cuando Uruguay venció por el mismo marcador a Argentina, equipo que no había conocido la derrota desde su debut en Qatar 2022. Con un posterior 3-0 ante Bolivia en el Estadio Centenario, la selección sumó nueve puntos consecutivos, consolidando una imagen de equipo rápido, intenso, voraz y efectivo que generó elogios tanto internos como externos.
Sin embargo, el año 2024 trajo consigo un giro drástico. El proceso se vio interrumpido por la Copa América, un torneo que alteró profundamente los pronósticos. Si bien Uruguay entusiasmó a su afición al clasificar holgadamente a la segunda fase y eliminar a Brasil mediante la tanda de penales, el cierre de su participación fue caótico. La eliminación en semifinales frente a Colombia terminó en escándalo, derivando en la suspensión de varios futbolistas debido a una pelea ocurrida en las tribunas. Este episodio marcó el fin del idilio entre los jugadores y el cuerpo técnico de Bielsa, dando paso a una preocupante sequía goleadora y a una serie de dudas sobre el funcionamiento del grupo.
El regreso a las eliminatorias fue desalentador. La Celeste sufrió una bienvenida dura caracterizada por tres empates sin goles consecutivos ante Paraguay en Montevideo, Venezuela y Ecuador. La crisis se profundizó con una derrota inesperada en la visita a Perú, uno de los seleccionados más débiles de la confederación. Esta racha de cuatro partidos sin conocer la victoria puso en riesgo la estabilidad del equipo. No obstante, la falta de rendimiento de otros rivales como Brasil, Paraguay y Ecuador —quien inició el proceso con una sanción de tres puntos impuesta por la FIFA— permitió que Uruguay se mantuviera en la parte alta de la tabla.
La esperanza regresó gracias a una victoria agónica por 3-2 contra Colombia y un empate frente a la selección brasileña en Bahía. A pesar de estos resultados, el juego seguía siendo cuestionado. El equipo dejó de ser arrollador y la incapacidad de convertir goles se volvió evidente. Derrotas ante Paraguay en Asunción y frente a Argentina en el Centenario, sumadas a un empate en Bolivia, llevaron a la prensa deportiva local a cuestionar la permanencia de Marcelo Bielsa en el cargo, mientras la Celeste se ubicaba quinta, muy cerca de Brasil, Colombia y Paraguay, pero distante de los líderes Argentina y Ecuador.
La clasificación se selló finalmente con una reacción tardía consistente en dos triunfos en casa contra Venezuela y Perú. El cierre del proceso, sin embargo, volvió a dejar un sabor amargo con un empate sin goles ante Chile, la selección peor clasificada de la eliminatoria. Uruguay terminó en la cuarta posición con 28 puntos, registro idéntico al de Colombia, acumulando siete victorias, siete empates y cuatro derrotas.
En el plano individual, Darwin Nuñez terminó como el goleador del equipo con cinco tantos, aunque todos fueron anotados antes de la suspensión de cinco partidos que sufrió tras la Copa América; luego de ese periodo, no volvió a marcar. Por su parte, Federico Valverde fue el jugador con más tiempo en cancha, sumando 1.287 minutos y anotando dos goles, aunque su desempeño estuvo lejos de la brillantez mostrada en el Real Madrid.
El clima interno también se vio afectado por las declaraciones de Luis Suárez. El máximo goleador histórico de la Celeste, quien se retiró de la selección a mediados de 2024 tras una participación limitada en la Copa América, afirmó que Bielsa mantenía un trato frío con los jugadores y que había provocado una división en el grupo. Estas palabras tuvieron un impacto visible en los resultados, algo que el propio entrenador admitió al reconocer que su autoridad había sido minada.
El punto más crítico para la gestión de Bielsa ocurrió ya con la clasificación asegurada, durante un partido amistoso contra Estados Unidos. Uruguay sufrió una estrepitosa derrota por 5-1, lo que desató una tormenta de críticas y rumores sobre una posible renuncia o destitución. Ante la presión, el técnico ofreció una extensa conferencia de prensa donde asumió la responsabilidad total de los resultados negativos, pero mantuvo una postura desafiante al asegurar que no realizaría cambios en su sistema de trabajo.


