Bolivia cumple 20 días de protestas y bloqueos que afectan principalmente a las ciudades de La Paz y El Alto. Ante esta situación, el presidente Rodrigo Paz ha sido enfático: el camino es el diálogo y no el uso de la fuerza.
En entrevista con CNN, Paz afirmó que "la única forma de ganar hoy día no va a ser a bala", descartando responder al conflicto con medidas de confrontación. Sin embargo, el mandatario señaló que la posibilidad de recurrir a un estado de excepción está contemplada en la Constitución, estableciendo que este es el límite para quienes no quieran dialogar.
Este punto es crítico debido a un movimiento legislativo reciente. El Senado aprobó una ley que deroga la normativa de 2020 sobre los estados de excepción, la cual regulaba plazos y responsabilidades penales. Si el proyecto avanza en la Cámara de Diputados, el presidente podrá decretar un estado de excepción sin autorización previa del Legislativo.
Las movilizaciones, impulsadas por la Central Obrera Boliviana, campesinos y seguidores de Evo Morales, exigen revertir medidas de austeridad, solucionar el desabastecimiento de combustible y frenar el aumento del costo de vida. Aunque algunos sectores pidieron su renuncia, Paz sostiene que el tono de las marchas ha cambiado y que dicha demanda ya no es parte central de las movilizaciones.
El presidente, quien asumió el cargo hace seis meses tras ganar las elecciones de finales de 2025, atribuye parte del malestar a reclamos históricos no atendidos durante los años del Movimiento al Socialismo. Para Paz, la crisis actual es el resultado de un choque entre una visión pasada del manejo del Estado y una Bolivia que busca construir la patria desde una perspectiva distinta.
El mandatario definió el proceso político actual como un "parto muy difícil", pero aseguró que se avanza por el camino correcto.
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