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Cecilia Pérez, presidenta de Azul Azul, revela haber sido blanco de amenazas y amedrentamientos

La presidenta de Universidad de Chile aseguró que tiene resguardo policial en su domicilio.

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Cecilia Pérez, presidenta de Azul Azul, revela haber sido blanco de amenazas y amedrentamientos

La gestión de la sociedad anónima Azul Azul, entidad encargada de la administración del club Universidad de Chile, ha comenzado bajo un clima de tensión para su máxima autoridad. Cecilia Pérez, quien asumió la presidencia de la institución a finales del mes de abril, ha tenido que hacer frente a una serie de situaciones personales complejas que trascienden lo estrictamente deportivo y administrativo. La ex intendenta, quien llegó al cargo para cubrir la vacante dejada por Michael Clark, ha revelado públicamente que su integridad ha sido puesta en riesgo a través de diversas amenazas y campañas de desprestigio.

En una reciente intervención durante el programa “La Hora de Conversar”, la dirigente del "Romántico Viajero" compartió detalles sobre la naturaleza de las agresiones que ha recibido. Según explicó la militante de Renovación Nacional (RN), estas situaciones no son un fenómeno reciente ni exclusivo de su actual cargo en el ámbito deportivo, sino que forman parte de un patrón de hostigamiento que ha persistido a lo largo de su trayectoria en la vida pública.

Pérez detalló que las agresiones que ha sufrido no han tenido un enfoque intelectual, sino que se han centrado en ataques personales. Según sus palabras, ha sido víctima de descalificaciones basadas en su aspecto físico, la invención de rumores malintencionados y la difusión de afirmaciones que no corresponden a la realidad. Este proceso de amedrentamiento, describió la presidenta de Azul Azul, ha tenido como objetivo descalificarla y agredirla en diversos ámbitos.

Un dato revelador compartido por la exministra es la duración de este asedio. Pérez aseguró que ha sido blanco de amedrentamientos desde que se desempeñó como intendenta hasta el día de hoy. Esta situación ha sido lo suficientemente grave como para requerir medidas de seguridad extraordinarias durante más de una década. La dirigente reveló que, por un periodo aproximado de 12 años, contó con el resguardo y la protección del Ministerio Público en su domicilio particular.

Actualmente, mientras lidera el destino de la Universidad de Chile, Cecilia Pérez indicó que cuenta con la protección brindada por el club. Sin embargo, el historial de amenazas ha dejado una marca profunda en su experiencia como figura pública, evidenciando la vulnerabilidad a la que se exponen quienes ocupan cargos de alta visibilidad en el país.

En cuanto a las acciones legales, la presidenta de Azul Azul señaló que no se ha quedado de brazos cruzados. A pesar de que no ha utilizado los puntos de prensa para denunciar públicamente cada incidente, ha recurrido a las instancias judiciales correspondientes mediante la presentación de querellas. Según informó, estas acciones han dado resultados concretos en algunos casos, logrando que ciertas personas fueran formalizadas y, eventualmente, condenadas por sus actos.

No obstante, Pérez manifestó una crítica severa hacia la eficacia del sistema judicial y la percepción de impunidad en el país. A pesar de las condenas obtenidas, consideró que las medidas tomadas no han sido suficientes para frenar este tipo de conductas. En una declaración contundente, la dirigente afirmó que, en la actualidad, "amenazar de muerte en nuestro país sale gratis", sugiriendo que las consecuencias legales no son lo suficientemente disuasorias para evitar que los agresores continúen con sus acciones.

A pesar de la gravedad de los hechos y la persistencia de las amenazas, Cecilia Pérez quiso dejar en claro su postura frente a quienes intentan intimidarla. La exministra aseguró que no siente miedo ante estas situaciones. Para la dirigente, quienes emiten estas amenazas no poseen una fuerza real, sino que actúan desde el anonimato y la cobardía.

Pérez calificó a sus agresores como "verdaderos encapuchados del teclado", haciendo referencia a aquellos que utilizan las redes sociales y los medios digitales para atacar sin dar la cara. En su análisis final, subrayó que el daño más significativo de estas acciones no recae necesariamente en la persona atacada, sino en el entorno familiar y en las personas que la aman, quienes son los que realmente sufren el impacto emocional de estas agresiones.

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