24 de mayo de 1981. Una tarde que quedó inscrita como una de las más trágicas de la historia contemporánea del Ecuador. El avión en el que viajaba el presidente Jaime Roldós Aguilera, su esposa Martha Bucaram y su comitiva, se estrelló contra el cerro de Huayrapungo, en la provincia de Loja.
Roldós llegó al poder en 1979, marcando el retorno a la democracia tras años de dictadura militar, consolidándose en el balotaje con cerca del 69 % de los votos.
Más allá de su gestión interna, su impacto fue regional. Impulsó la defensa activa de los derechos humanos como principio de política exterior, postura conocida como la “Doctrina Roldós”. Este planteamiento chocó con gobiernos autoritarios del Cono Sur y Centroamérica, así como con intereses geopolíticos de Estados Unidos durante la administración de Ronald Reagan. Documentos de la época, como el “Documento de Santa Fe”, identificaron esta postura como una amenaza estratégica.
El día del accidente, Roldós había encabezado una ceremonia militar en honor a los combatientes de la guerra de Paquisha. Poco después, abordó la aeronave rumbo a Macará, pero el avión nunca llegó a su destino.
Desde entonces, las investigaciones sobre el origen del siniestro —si fue error humano, falla mecánica o un acto deliberado— no han llegado a una conclusión definitiva. La coincidencia con la muerte, también en accidente aéreo, del líder panameño Omar Torrijos, ha alimentado sospechas de conspiración a lo largo de los años.
Hoy, su memoria persiste a través de los valores éticos resaltados por su hija, Marta Roldós, y como un referente de dignidad política en contextos adversos. A 45 años del hecho, la historia de Jaime Roldós permanece abierta, entre la interpretación y preguntas sin resolver.
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