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Sergio Rochet: el camino desde el baby fútbol de Nueva Palmira hasta la élite europea

“Es el prototipo de arquero que se viene”, dijeron hace 20 años y tuvieron razón; va por su segundo Mundial con Uruguay. Es la inspiración del hijo de uno de sus amigos y siempre vuelve a donde es feliz.

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Sergio Rochet: el camino desde el baby fútbol de Nueva Palmira hasta la élite europea
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Sergio Rochet, el laureado arquero, mantiene vivo su vínculo con Nueva Palmira a través de un museo itinerante que su madre guarda en una valija, conservando desde guantes remendados hasta el contrato que inició su carrera profesional. Aunque comenzó jugando en el medio campo, un azar del destino lo llevó bajo los tres palos, donde su altura y liderazgo lo convirtieron rápidamente en una promesa. Tras superar el desafío de mudarse solo a Montevideo a los 14 años para jugar en Danubio, Rochet saltó al fútbol europeo con el AZ Alkmaar. A pesar del éxito internacional, el jugador conserva la humildad de sus orígenes y encuentra su paz regresando a sus raíces y a la pesca en la Laguna Punta Gorda.

En una cantina del club Deportivo Juvenil de Nueva Palmira, entre trofeos e imágenes de planteles históricos, Graciela guarda un museo itinerante en una valija. En su interior se encuentran las camisetas, medallas, fotos y cuadernos que registran la cronología de la carrera de su hijo, Sergio Rochet. Entre los objetos más significativos destaca la lapicera con la que el arquero firmó su primer contrato en el AZ Alkmaar de Países Bajos y unos guantes remendados que fueron los únicos que utilizó durante meses debido al esfuerzo económico de su familia trabajadora.

La infancia de Sergio, conocido como el "Chino", estuvo marcada por la convivencia con sus hermanas Yesica, Mara y Diana, y la cercanía con sus padres, Pablo y Graciela. Recuérdanlo como un niño travieso y buen compañero que pasaba sus días jugando a la pelota y cazando pájaros en el barrio. El Deportivo Juvenil se convirtió en su segundo hogar, especialmente por la presencia de sus abuelos. El vínculo con su abuela fue particularmente fuerte; ella lo consentía con comida tras los partidos y, cuando él regresaba de Montevideo, le entregaba a escondidas dinero para asegurar que no le faltara nada.

A pesar de su actual posición, el fútbol no lo llevó inmediatamente al arco. Quienes lo vieron jugar en sus inicios en Nueva Palmira recuerdan que el Chino se desempeñaba en el centro del campo. Su transición al puesto de arquero ocurrió por una anécdota fortuita durante un partido en Dolores. Franco Frascheri, quien era el portero del equipo, decidió abandonar el arco tras recibir tres goles en cinco minutos. El entrenador, ante la necesidad, probó a Sergio, cuya altura superior al resto del equipo marcó el inicio de su verdadera historia bajo los tres palos.

Desde entonces, Rochet cambió su camiseta número 8 por la 12. En aquel entonces, sus referentes eran figuras como Sebastián Viera, a quien consideraba el "Ángel del Arco" y a quien imitaba incluso en la forma de colocarse el gorro. Silvio Coscia, su entrenador durante seis años en el baby fútbol, destaca que Sergio ya demostraba una capacidad sobresaliente para atajar penales, recordando una final contra Sauce donde el jugador predijo que atajaría dos penales para ganar el campeonato, cumpliendo exactamente con su palabra.

El talento de Rochet no se limitó al fútbol; también destacó en el atletismo departamental, compitiendo en los 100 metros y en posta, donde solía obtener el primer o segundo lugar. En el fútbol, su paso por la selección de baby fútbol de Nueva Palmira fue exitoso, logrando tres títulos departamentales y un campeonato nacional. Su entrenador en esa etapa, Yamandú Arce, señaló que Sergio se ganó el puesto por mérito y condiciones físicas, destacando además su voz de mando y un temperamento fuerte que le permitía ordenar la defensa, características que mantiene en su etapa profesional.

Fuera de las canchas, Sergio forjó amistades duraderas, como la de Renato Bertolotti, con quien mantuvo una rivalidad deportiva sana mientras jugaban en equipos distintos. Ambos compartían tardes de juegos en descampados, lejos de la tecnología actual. Asimismo, el arquero mantuvo siempre su pasión por la pesca y la naturaleza en la Laguna Punta Gorda. Este lugar es tan significativo para él que cumplió la meta de comprar una casa frente a la zona donde solía pescar con su padre y su abuelo.

El salto al profesionalismo comenzó con una prueba en Nacional, pero tras no quedar, regresó a Palmira para jugar en el club local. Posteriormente, gracias a la gestión de Gabriel Rigamonti, llegó a Danubio. A los 14 años, Sergio se mudó solo a Montevideo, enfrentando la dificultad de adaptarse a una nueva ciudad y al liceo. Rigamonti actuó como su tutor legal para facilitar su educación. En las instalaciones de Danubio, Rochet escribió en un papel verde flúo su objetivo: "Seguir en el grupo selectivo y llegar a la Primera".

Tras progresar en las categorías juveniles, el destino lo llevó al AZ Alkmaar de Países Bajos. Durante su llegada, fue recibido por una familia palmirense que residía en Europa, lo que facilitó su adaptación idiomática y cultural. Sus antiguos compañeros y entrenadores coinciden en que, a pesar del éxito internacional, Sergio nunca perdió la humildad ni su don de gente. Actualmente, sus vacaciones en Nueva Palmira son el espacio donde encuentra paz, regresa a sus raíces y disfruta de la sencillez de su pueblo.

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