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Denuncian brutales torturas de agentes británicos contra ciudadanos en el puerto de San Juan

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Denuncian brutales torturas de agentes británicos contra ciudadanos en el puerto de San Juan
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Un informe oficial de 1850 revela una serie de brutales torturas y abusos cometidos por agentes británicos en el puerto de San Juan, Nicaragua. El ciudadano Raimundo Selva fue víctima de detenciones arbitrarias y vejámenes físicos tras intentar cobrar una deuda legal, enfrentándose a la complicidad de cónsules y comandantes extranjeros. Selva fue sometido a humillaciones, colgado del techo durante toda una noche y azotado brutalmente hasta perder el sentido. Estos hechos formaron parte de una represión violenta coordinada por autoridades británicas, quienes también azotaron a dieciséis marineros y utilizaron la fuerza armada para obligar a tripulantes a embarcarse.

Un informe oficial fechado en abril de 1850 ha revelado una serie de graves abusos y torturas perpetrados por agentes y súbditos británicos en el puerto de San Juan, Nicaragua. Los hechos fueron detallados a través de la declaración jurada de Raimundo Selva, quien relató los vejámenes sufridos tras un intento de cobrar una deuda legal y su posterior detención arbitraria.

El conflicto comenzó cuando Selva llegó al puerto de San Juan el 25 de marzo, con el objetivo de agilizar sus asuntos personales antes de partir hacia los Estados Unidos del Norte. Entre sus gestiones se encontraba el cobro de una deuda perteneciente a su primo, Florentín Sousa, de quien Selva poseía el poder judicial. El deudor era el vizconde de Barruel Bombert, quien, al ser requerido el pago, respondió con insultos. Ante esta situación, Selva acudió al comandante Dele, la autoridad del puerto, para solicitar que se hiciera efectivo el pago.

El comandante Dele indicó que era necesaria la intervención del cónsul Green para resolver el asunto. A pesar de que Selva presentó los documentos que justificaban la legalidad de la deuda, el cónsul Green reconvino a Barruel, quien negó la obligación alegando haber pagado ya la cantidad. Para respaldar esta afirmación, apareció el señor Beschor, quien tras pronunciar algunas palabras en inglés, provocó que le quitaran los documentos a Selva y los pusieran a disposición de Barruel. El comandante Dele informó entonces que el cónsul absolvía al vizconde basándose en la declaración de Beschor.

Posteriormente, en la noche del mismo día, Selva se encontraba en la casa del señor Pánfilo Marenco, donde se había reunido con un grupo de marineros. En ese lugar, un hombre negro intentó obligar a los marineros a embarcarse. Selva intervino cuestionando el derecho del hombre a evitar que los marineros se divirtieran y sugirió a los marineros que, si el hombre insistía, deberían patearlo. Poco después, el comandante Dele llegó al sitio acompañado por cinco policías, identificados por una gorra con una letra R de plomo.

Mientras los marineros huían, Selva permaneció en el lugar. El comandante Dele se dirigió a los policías en idioma inglés y estos procedieron a capturarlo, agarrándolo de las manos y del cuello para llevarlo casi a peso hasta el cuartel. Allí fue esposado y atado a un poste. Más tarde, se presentaron Federico Chatfield, encargado de negocios de S.M.B., el señor N. Pavón, el vizconde Barruel, Samuel Zapata y el cónsul Green. Selva suplicó a Chatfield que suavizara las tropelías, pero recibió como respuesta un gesto grosero en el que Chatfield le arrancó el puro de la boca y le propinó un cinchazo en la cara, aprovechando que el detenido se encontraba atado.

La tortura continuó cuando el señor Beschor regresó al cuartel. Selva fue conducido por la cadena que lo mantenía atado hacia el piso superior, donde fue amarrado en las tijeras de la casa, permaneciendo suspendido durante toda la noche hasta las seis y media de la mañana siguiente.

Al amanecer, Selva fue conducido a la planta baja, donde se ejecutaba un castigo colectivo. Dieciséis marinos de la Capitana fueron desnudados y azotados en una picota con tal fuerza que quedaron casi exánimes y sin sentido. Tras finalizar con los marineros, el comandante Dele informó que, en nombre de S. M. Mosquitia, Selva sería castigado de la misma manera. A pesar de que Selva pidió recibir cuatro tiros antes que ser azotado, fue sujeto por dos hombres negros, desnudado y atado a una columna, donde fue azotado hasta perder el conocimiento.

Raimundo Selva permaneció preso durante tres días, lo que le impidió viajar a Norteamérica en el vapor programado para ese mes. Finalmente, gracias a la intervención del vicecónsul Tomás Manning y el comandante del puerto de San Carlos, Trinidad Salazar, se le permitió regresar al interior del país bajo la condición de ser embarcado inmediatamente.

Informaciones posteriores indicaron que los incidentes del 25 de marzo se originaron porque la policía obligaba brusca y violentamente a unos 130 marineros a embarcarse. Ante la resistencia, grupos armados liderados por Beschor, Green y Dele se dirigieron al sitio de las piraguas para obligarlos a subir a los barcos mediante disparos, resultando algunos marineros heridos por bayonetas y golpes de palos.

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