El 79º Festival de Cannes presenta dos visiones profundas sobre la fragilidad humana y la pulsión de vida. El director Ira Sachs regresa a la sección oficial con "The Man I Love", un retrato íntimo del Nueva York de los años 80. Protagonizada por Rami Malek, la película aborda la crisis del VIH no desde el sentimentalismo o la tragedia hospitalaria, sino como una afirmación radical de la vida. Malek interpreta a un artista queer que se resiste a dejar de vivir y disfrutar, rodeado de amigos y familia en un relato que prioriza los momentos genuinos de alegría y el deseo sobre el dolor.
En una línea paralela, Emmanuel Marre debuta en la competición por la Palma de Oro con "Notre Salut". Mientras Sachs explora la enfermedad, Marre analiza la grisura moral de la Francia de Vichy. Basada en la vida de su propio abuelo, la cinta evita la épica de la resistencia para centrarse en el colaboracionismo cotidiano y burocrático. A través de la interpretación de Swann Arlaud, el director expone la "banalidad del mal", mostrando cómo ciudadanos aparentemente normales sostuvieron sistemas violentos impulsados por el oportunismo y la ambición de ascender de clase.
A pesar de sus contextos opuestos —una epidemia y el nazismo—, ambas películas comparten un núcleo común: personajes que sobreviven gracias a una voluntad férrea de existir mientras tienen la muerte muy presente. Mientras "The Man I Love" es un canto a la libertad, el teatro y la música, "Notre Salut" es un ejercicio incómodo que hace palpable el colaboracionismo como una posibilidad profundamente humana. Dos propuestas que, desde el humanismo y la sutileza, reflexionan sobre el duelo y la supervivencia en el escenario cinematográfico más importante del mundo.
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