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Confirman identidad de restos calcinados de Carlos Ramírez: familia denuncia cierre prematuro de la causa

El resultado genético confirmó la identidad, pero la familia critica el cierre de la causa y exige conocer las circunstancias de la muerte

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Confirman identidad de restos calcinados de Carlos Ramírez: familia denuncia cierre prematuro de la causa
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Tras cuatro años de incertidumbre, estudios genéticos confirmaron que los restos calcinados hallados en Punta del Mono, Paraná, pertenecen a Carlos Ramírez, quien desapareció en noviembre de 2022. Aunque la identificación cierra una etapa de angustia para la familia, el desenlace ha dejado al descubierto una serie de interrogantes sobre las circunstancias de su muerte. La indignación familiar crece ante la decisión judicial de cerrar la causa una vez establecida la identidad del cuerpo. Los allegados denuncian irregularidades en la búsqueda y exigen que la investigación continúe para esclarecer cómo murió Ramírez, sosteniendo que el hallazgo del cuerpo no es el final, sino el punto de partida para encontrar la verdad.

La incertidumbre que mantuvo en vilo a la familia de Carlos Ramírez durante casi cuatro años ha llegado a su fin, aunque el desenlace ha resultado devastador. En las últimas horas, estudios genéticos confirmaron que los restos óseos calcinados, hallados en el año 2024 en la zona de Punta del Mono, ubicada en el barrio Bajada Grande de Paraná, pertenecían al hombre de 65 años que había desaparecido el pasado 15 de noviembre de 2022.

El hallazgo, comunicado oficialmente por la Justicia, pone fin a una prolongada etapa de angustia y búsqueda desesperada, pero simultáneamente ha abierto una serie de nuevos interrogantes para los allegados. La familia Ramírez, lejos de encontrar paz con la identificación del cuerpo, reclama respuestas concretas sobre las circunstancias exactas que rodearon la muerte de Carlos.

La confirmación de la identidad se produjo a través de una notificación judicial recibida por los familiares. Gonzalo Ramírez, hijo de la víctima, relató el impacto emocional de recibir la noticia: “Hace dos días me notificaron que un cuerpo que aproximadamente hace un año se encontró calcinado en la zona donde había desaparecido mi padre concuerda en un 98% con el ADN”. Para Gonzalo, recibir esta certeza fue un golpe muy duro, marcando un punto de inflexión en un proceso lleno de dudas.

Sin embargo, la notificación genética vino acompañada de una decisión judicial que ha generado profunda frustración en el núcleo familiar: la comunicación de que la causa judicial sería cerrada. Según informó el portal El Once, la Justicia determinó que la investigación se daba por concluida una vez establecida la coincidencia del ADN. Gonzalo Ramírez manifestó su rotundo desacuerdo con esta medida, señalando que la notificación se limitó a informar la coincidencia genética sin brindar más detalles. “Lo único que me dijeron fue que concuerdan los genes y nada más. También me dijeron que la investigación está cerrada, algo con lo que tampoco estoy de acuerdo”, afirmó.

A lo largo de los años de búsqueda, los familiares sostienen que nunca recibieron respuestas claras sobre el avance del expediente ni explicaciones coherentes sobre la demora en la identificación de los restos encontrados en Bajada Grande. Ante la solicitud de abrir nuevas líneas investigativas tras el hallazgo del cuerpo calcinado, la respuesta oficial fue que la Justicia no pudo determinar la causa del deceso y que las autoridades ya habían cumplido su objetivo al encontrar los restos.

Un punto crítico de la controversia radica en la ubicación del hallazgo. Los restos fueron encontrados en Punta del Mono, un sector de difícil acceso. Si bien las autoridades policiales habían solicitado prudencia antes de confirmar la identidad, la familia sostiene que esa área ya había sido recorrida minuciosamente durante los primeros operativos de búsqueda. Gonzalo Ramírez planteó que tanto personas como animales transitaron por ese lugar en aquel entonces, sugiriendo que el cuerpo no se encontraba allí en el momento de las primeras rastrillajes.

Cintia Ramírez, sobrina de Carlos, recordó las dificultades vividas desde el primer día. Relató que, aunque las cámaras de seguridad lo captaron en el establecimiento Chango Más, luego se perdió todo rastro. A pesar de que en los primeros meses hubo un despliegue considerable que incluyó el uso de perros, drones y helicópteros, las pistas fueron nulas. “Después era nada. Uno llamaba y preguntaba y decían que lo estaban buscando”, expresó Cintia, quien también destacó la falta de incentivos para obtener información, mencionando que nunca se ofreció una recompensa y que la causa pasó por las manos de tres fiscales distintos sin que surgieran sospechosos.

Carlos Ramírez era un hombre de costumbres sencillas y empleado municipal en el cementerio. El día de su desaparición, su intención era retirar dinero de un cajero automático en Walmart para comprarse un televisor y así disfrutar del Mundial. Según su familia, no tenía conflictos personales ni había recibido amenazas, definiéndolo como una persona dedicada a su hogar y su trabajo. No obstante, reconocieron que semanas antes de desaparecer lo notaban "raro" y con algunas incoherencias, aunque nunca imaginaron que terminaría en una tragedia de esta magnitud.

Para la familia de Carlos Ramírez, la confirmación genética cierra un ciclo de incertidumbre, pero deja abierta una herida profunda debido a la falta de esclarecimiento sobre el motivo y la forma de su muerte. Insisten en que la pesquisa no debe terminar con el hallazgo del cuerpo, sino con la verdad sobre lo ocurrido.

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