Una inmersión en el atolón Vaavu, en Maldivas, ha desencadenado una tragedia que ahora moviliza a expertos internacionales. Cuatro ciudadanos italianos permanecen desaparecidos dentro de una cueva submarina, tras una expedición en la que solo se ha logrado recuperar el cuerpo del instructor Gianluca Benedetti, hallado en la entrada.
Las víctimas son la profesora Monica Montefalcone, su hija Giorgia Sommacal, el biólogo Federico Gualtieri y la investigadora Muriel Oddenino. La complejidad de la misión ya cobró una quinta vida: el sargento Mohamed Mahudhee, un buzo militar experto que falleció el sábado durante una operación de recuperación.
El entorno es extremo. Se trata de una cueva de 200 metros de longitud que alcanza los 70 metros de profundidad, con corrientes impredecibles, pasadizos estrechos y oscuridad total. Para intensificar la búsqueda, han llegado al archipiélago buzos finlandeses de Divers Alert Network, especialistas en entornos con obstáculos, quienes se unirán a equipos de Australia y el Reino Unido.
La operación ha revelado graves irregularidades. Mientras la ley local prohíbe descensos mayores a 30 metros para buceo recreativo, la entrada de esta cueva se encuentra a casi 50 metros. Además, se reportó que las víctimas utilizaban equipo recreativo estándar y no el equipo técnico necesario para inmersiones profundas en cuevas.
El operador turístico, Albatros Top Boat, niega haber autorizado la inmersión profunda, y la licencia de la embarcación ya ha sido suspendida. Las autoridades de Maldivas e Italia mantienen comunicación al más alto nivel en lo que es descrito como el mayor accidente de buceo en la historia del país.
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