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Venezuela entre la esperanza y el miedo tras la captura de Maduro

Jesús Armas toma café con su pareja en una terraza. María Pérez participa en una protesta pública. Melva Vásquez sostiene fotos ampliadas de su hijo y su hija frente a una prisión donde se encuentran recluidos opositores políticos. Estas acciones, aparentemente cotidianas, eran prácticamente impensables hace solo unos meses bajo el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

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Venezuela entre la esperanza y el miedo tras la captura de Maduro
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Venezuela atraviesa una transición frágil y contradictoria tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Aunque la reapertura diplomática y el regreso de vuelos directos sugieren un renacimiento, el miedo persiste en las calles, donde la vigilancia estatal continúa y la libertad se siente provisional para muchos ciudadanos. Mientras el gobierno proyecta una imagen de estabilidad, la realidad económica es devastadora, marcada por una inflación superior al 600 por ciento y servicios públicos colapsados. Entre marchas polarizadas y una crisis humanitaria persistente, el país se debate entre la esperanza de una democracia real y la dependencia de la voluntad política de Washington.

En las calles de Caracas, acciones que hace pocos meses habrían sido impensables se han vuelto posibles: Jesús Armas toma café en una terraza con su pareja, María Pérez participa en una protesta pública y Melva Vásquez sostiene fotografías de sus hijos frente a una prisión. Estos gestos, aunque cotidianos, reflejan la fragilidad de un país que intenta navegar un cambio drástico tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en enero.

El gobierno estadounidense ha impulsado una imagen renovada y brillante de Venezuela este año. Tras la incursión nocturna que resultó en la detención de Maduro, Washington ha reforzado las relaciones diplomáticas, enviado secretarios del Gabinete en visitas oficiales a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y permitido la reanudación de los vuelos directos. Un símbolo de este acercamiento ocurrió el 30 de abril, cuando un vuelo de American Airlines aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, precedido por una celebración en Miami con globos y comida típica venezolana. Sin embargo, el avión transportaba a menos de 100 pasajeros, evidenciando que el entusiasmo mediático no siempre coincide con la realidad operativa.

A pesar de estas señales de apertura, el sentimiento predominante entre los ciudadanos es el nerviosismo. Muchos venezolanos, independientemente de su postura política, temen que el aparato de seguridad, que sigue visible en las calles con policías antidisturbios, regrese a la represión. La activista Sairam Rivas y su pareja, Jesús Armas, son ejemplos de esta ambivalencia. Armas, quien fue director de campaña en Caracas para la líder opositora María Corina Machado, estuvo detenido en la prisión de El Helicoide hasta febrero, luego de ser capturado por hombres enmascarados en diciembre de 2024. Aunque ahora goza de libertad gracias a una ley de amnistía impulsada bajo presión de EE.UU., Armas afirma que los servicios de inteligencia aún lo vigilan estrechamente.

La crisis humanitaria y económica sigue siendo el problema más urgente. Mientras el gobierno habla de un renacimiento, la realidad en los hogares es precaria. Tres salarios mínimos mensuales equivalen apenas a un dólar, y la inflación interanual supera el 600 %. En las zonas populares de Caracas, como las colinas donde vive la costurera María Pérez, las neveras están prácticamente vacías, limitándose a pocos vegetales y escasas proteínas. La falta de medicamentos básicos, como la insulina para pacientes diabéticos, y los cortes constantes de agua y electricidad subrayan la mala gestión de los servicios públicos, los cuales, según Jesús Armas, están dirigidos por leales al partido y militares sin formación técnica.

La represión persiste en formas más silenciosas pero dolorosas. Melva Vásquez vive en una tienda de campaña frente a la prisión de El Rodeo para luchar por la liberación de sus hijos, Merwyn Simons y Anyela Bermúdez. Aunque ahora puede mostrar fotos de ellos en público sin ser detenida, describe su situación como una agonía constante. El gobierno alega que los hermanos formaban parte de un complot, mientras que su madre insiste en que no tienen vínculos políticos.

El panorama político se mantiene polarizado. El pasado 1 de mayo, se produjeron marchas contrapuestas en la capital. Por un lado, la oposición exigió el retorno inmediato a la democracia y la fijación de un calendario electoral, temiendo que la actual administración se fortalezca antes de convocar a votos. Por otro lado, simpatizantes del gobierno realizaron marchas denunciando que Venezuela no es una colonia y criticando la volatilidad de las políticas de Donald Trump.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sostiene que el país está dejando atrás una década perdida causada por las sanciones extranjeras. No obstante, para ciudadanos como Aida Guevara, la libertad de expresión actual es un alivio, aunque la incapacidad de costear sus medicinas con la pensión estatal sigue siendo una realidad aplastante. Con la mirada puesta en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, los venezolanos se preguntan si el éxito de su transición dependerá de la voluntad de Washington o de una verdadera transformación interna.

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