El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha lanzado una dura crítica contra el grupo terrorista Hezbollah, instando a cesar los actos que calificó como temerarios y que, según su visión, responden a intereses de potencias extranjeras en lugar de priorizar la estabilidad nacional. Estas declaraciones coinciden con un momento crítico de tensión política y diplomática, marcado por el desarrollo de una nueva ronda de diálogo directo entre las delegaciones de Líbano e Israel.
En un mensaje contundente, Salam manifestó que es momento de poner fin a las aventuras que sirven a proyectos externos. El jefe del Ejecutivo subrayó que la última de estas acciones ha resultado en una guerra que el país no eligió, sino que le fue impuesta, provocando consecuencias graves para la soberanía territorial. Según el primer ministro, este conflicto ha permitido que Israel ocupe actualmente 68 pueblos, aldeas y diversas localidades libanesas.
El pronunciamiento de Salam ocurre en el marco de las negociaciones directas llevadas a cabo en Washington entre Líbano e Israel. Dichas conversaciones concluyeron este viernes con un acuerdo fundamental: la extensión del alto el fuego vigente por un periodo adicional de 45 días. Es relevante destacar que Hezbollah, organización respaldada por el régimen de Irán, no participó en estas deliberaciones. El grupo mantiene un rechazo absoluto y frontal a cualquier forma de diálogo con Israel, persistiendo en una estrategia militar que el Gobierno de Beirut busca desactivar para recuperar el control del Estado.
Salam aprovechó su intervención para cuestionar frontalmente la narrativa del grupo terrorista, que intenta presentar la situación actual como un triunfo. El mandatario denunció que, tras el saldo de muertes, la destrucción masiva, el desplazamiento forzado de la población y las múltiples tragedias derivadas de la guerra, resulta ofensivo que algunos sectores pretendan llamar a este escenario una victoria. En sus palabras, afirmar que los resultados actuales son un éxito es un intento de insultar la inteligencia de los ciudadanos. Asimismo, advirtió que las incitaciones y las acusaciones de traición no intimidarán al Ejecutivo ni podrán doblegar su postura.
Este enfrentamiento político tiene raíces en compromisos asumidos el año pasado por el Gobierno de Beirut, el cual se había comprometido a desarmar a Hezbollah. Esta decisión se tomó tras los combates de 2024, periodo en el cual la organización, liderada en aquel entonces por Hasan Nasrallah, inició una ofensiva en apoyo al régimen de Irán. Dicha acción desencadenó una respuesta militar por parte de Israel, que culminó con la eliminación de Nasrallah en septiembre de ese año.
En la actualidad, el liderazgo de Hezbollah ha rechazado públicamente las resoluciones emanadas del Gobierno libanés. El grupo ha denunciado la participación de Líbano en las negociaciones de Washington, calificándola como un error estratégico. Desde Beirut, la organización reiteró su oposición a cualquier contacto directo con el Estado israelí y exigió la retirada inmediata de la delegación oficial libanesa de las conversaciones, desestimando la autoridad del Ejecutivo para limitar sus actividades armadas dentro del territorio.
Ante este escenario de fragmentación, Salam reiteró la urgencia de fortalecer las instituciones nacionales y de movilizar el apoyo de la comunidad árabe e internacional para consolidar la posición de Líbano en las negociaciones.
Mientras tanto, la situación en el terreno sigue siendo volátil. El Ejército de Israel informó que, durante la última semana, sus fuerzas eliminaron a más de 220 integrantes de Hezbollah en el sur del Líbano. Según el comunicado militar, los combatientes abatidos estaban involucrados en ataques avanzados contra soldados israelíes. En el mismo periodo, las Fuerzas de Defensa de Israel atacaron más de 440 objetivos vinculados al grupo en diversas zonas del sur, focalizando las operaciones del viernes en infraestructuras de la región de Tiro, donde se habían emitido órdenes previas de evacuación.
Finalmente, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha programado una nueva ronda de negociaciones políticas para los días 2 y 3 de junio. Previo a este encuentro, el 29 de mayo, el Pentágono abrirá una instancia de diálogo paralela centrada en temas de seguridad con la participación de delegaciones militares de ambos países. El objetivo declarado por los voceros estadounidenses es avanzar hacia una paz duradera, el reconocimiento mutuo de la soberanía e integridad territorial y la consolidación de la seguridad en la frontera compartida.

