La familia de Sandra Peña, la menor sevillana de 14 años que se quitó la vida el pasado 14 de octubre de 2025, ha roto el silencio público para denunciar lo que consideran una grave dejación de funciones por parte del colegio de las Irlandesas de Loreto. Esta reacción surge un día después de que la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Sevilla decidiera eximir al centro educativo de responsabilidad en el fallecimiento de la menor, archivando la querella interpuesta por los padres.
En una entrevista concedida a Canal Sur TV, Zara y José Manuel, los progenitores de Sandra, han hecho públicos datos reveladores de la autopsia que, según sostienen, contradicen o complementan la resolución judicial. El informe forense detalla que la menor presentaba una tasa de alcohol en sangre de 0,59 miligramos en el momento del fatal desenlace. Este dato es el eje central de la indignación familiar, ya que, tras la inspección ocular realizada por las autoridades en el domicilio de la joven, no se encontró ningún tipo de bebida alcohólica. Ante esta evidencia, los padres plantean la posibilidad de que Sandra haya consumido alcohol en el interior de las instalaciones del colegio, un hecho que exigen que sea debidamente comprobado.
Además del alcohol, la autopsia reveló la presencia de cortes en los brazos de la menor. La madre de Sandra ha enfatizado que esos cortes no estaban presentes cuando la niña salió de casa por la mañana. Según el relato de Zara, Sandra partió de su hogar a las 7:55 horas, despidiéndose en el ascensor. Debido al calor previsto para aquel día en Sevilla, la menor vestía ropa ligera y llevaba una sudadera atada a la cintura, no puesta, lo que permitió a su madre supervisar que no tenía ninguna lesión en los brazos en ese momento.
La cronología de los hechos reconstruida por la familia es estremecedora. Sandra acudió a su centro escolar a las 8:00 horas como cualquier otro día. Según la abogada de la familia y las declaraciones de la madre, durante la jornada escolar, concretamente en una clase de Matemáticas, la menor redactó una carta de despedida de tres folios. A las 14:30 horas, Sandra regresó a su domicilio acompañada por tres amigas. En ese momento, ya vestía la sudadera puesta para cubrir los cortes que se había infligido. Posteriormente, los padres denunciaron el hallazgo de una cuchilla de un sacapuntas con restos de sangre en la funda del teléfono móvil de la joven.
El tiempo transcurrido entre la llegada a casa y la tragedia fue mínimo. A las 14:40 horas, tan solo diez minutos después de entrar en su hogar, Sandra se precipitó desde la azotea de la casa, momento en el que se certificó su muerte. Esta estrecha ventana temporal es la que lleva a los padres a cuestionar dónde pudo haber obtenido el alcohol detectado en la autopsia si no había suministros en la vivienda.
En el plano legal, la familia ha expresado su profunda frustración ante la decisión del juez de plaza número 7 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia. Los padres han manifestado que el auto judicial es insuficiente, describiéndolo como una resolución de "media carilla" que obvia aspectos fundamentales como la autopsia y la falta de activación de los protocolos antiacoso y de prevención del suicidio. Aunque el juez reconoció la falta de dichos protocolos, determinó que el colegio sí había tomado medidas, motivo por el cual archivó la querella contra el centro, el director, la jefa de estudios, la tutora y la orientadora.
José Manuel, el padre de la menor, señaló además que el juez no consultó a la fiscal de menores, advirtiendo que, de haberlo hecho, se habría revelado que la inspectora tenía conocimiento de diversos hechos ocurridos durante el curso anterior. Ante este escenario, la familia ha recurrido la decisión mediante un recurso de reforma ante el juez y, de manera subsidiaria, ante la Audiencia de Sevilla, buscando que se investigue a fondo la responsabilidad del centro educativo en la tragedia.

