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Del 15-M a Vox: la evolución del voto de cabreo en España

La canalización política del 15-M, con sus demandas y el latente malestar social, no fue instantánea. El “no nos representan” que se entonó en las plazas del Estado hace ahora quince años se abrió paso primero como un movimiento social transversal y luego se fue ramificando en las llamadas mareas ciudadanas (sanitaria, educativa o por el agua pública), imponiendo una nueva agenda y politizando a amplias capas sociales de la población. Un “momento destituyente”, como lo define el profesor de Ciencias Políticas y cofundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, que más tarde se transformaría en un “momento constituyente”. Con la eclosión de la formación morada, principalmente, y el auge de Ciudadanos que compartía los valores de regeneración política.

Del 15-M a Vox: la evolución del voto de cabreo en España

Quince años después del estallido del movimiento 15-M en la Puerta del Sol, el análisis sobre su legado político revela una transformación compleja del malestar social en España. Lo que comenzó como un grito de "no nos representan" no se tradujo de forma inmediata en una estructura política, sino que transitó primero por un movimiento social transversal y diversas llamadas mareas ciudadanas centradas en la sanidad, la educación y el agua pública. Este proceso, calificado por Juan Carlos Monedero como un "momento destituyente" que derivó en uno "constituyente", permitió la politización de amplios sectores de la población y sentó las bases para la aparición de nuevas formaciones, principalmente la eclosión de Podemos y el auge de Ciudadanos, quienes compartían valores de regeneración política.

El efecto más tangible en el sistema político fue el paso del bipartidismo imperfecto, apoyado generalmente en los nacionalismos periféricos, al multipartidismo. Antes del estallido de los indignados, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reflejaba una hegemonía casi total del PSOE y el PP, quienes sumaban un 77,2% de las intenciones de voto, mientras que las otras dos formaciones estatales con representación, Izquierda Unida y UPyD, mantenían porcentajes residuales del 5,2% y 3,5%, respectivamente. Sin embargo, para noviembre de 2014, el panorama había cambiado drásticamente: Podemos se posicionaba como la primera fuerza en intención de voto y los movimientos municipalistas, impulsados por la formación morada, conquistaban alcaldías en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o A Coruña. Este camino culminó a finales de 2019 con la entrada de Podemos en el primer Gobierno de coalición desde el retorno de la democracia bajo la presidencia de Pedro Sánchez.

No obstante, el politólogo de la Universidad Carlos III, Pablo Simón, sostiene que la fragmentación del sistema no fue causada directamente por el 15-M, sino por las causas subyacentes que alimentaron el movimiento: la crisis económica, la corrupción y el malestar con el sistema bipartidista. Bajo la premisa de que el PP y el PSOE eran "la misma mierda", surgieron demandas concretas sobre los desahucios, la connivencia entre el poder político y el económico, la reforma del sistema electoral y la regeneración democrática. De este caldo de cultivo nació la llamada "nueva política", representada por Podemos y Ciudadanos. Mientras Podemos adoptó un enfoque populista contra la casta escuchando al pueblo desde abajo, Ciudadanos encarnó un planteamiento tecnocrático que abogaba por reformas institucionales avaladas por técnicos para evitar que los políticos actuaran arbitrariamente en el poder.

Hoy en día, ambas expresiones políticas del movimiento de los indignados han muerto. Los datos del CIS y encuestas como la del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) sugieren un retorno a la predominancia del PP y el PSOE en porcentajes de intención de voto mayoritarios. En este escenario, César Calderón, director de la consultora Red Lines, define la situación actual como un "tripartidismo asimétrico" donde la única suma viable sería la de PP más Vox. Según Calderón, la izquierda carece de una suma propia y los partidos obligados a gobernar juntos se disputan el mismo electorado.

La tesis más provocadora de Calderón es que Vox es el "último hijo vivo del 15-M". El consultor argumenta que el 15-M no tenía una ideología coherente, sino una gramática antielitista, antimedios, antipartidos, horizontal y emocional que ha migrado. Si bien el objetivo original eran los bancos, hoy ese rencor se dirige hacia la élite cultural, Bruselas o la "Agenda 2030", manteniendo la misma sintaxis del pueblo real contra ellos. Frente a esto, Pablo Simón refuta esta descendencia, argumentando que son hijos diferentes en momentos distintos, aunque concede que la formación de Santiago Abascal es hoy el refugio del malestar, influenciada por dinámicas europeas como la inmigración y un mejor control de la infraestructura de comunicación.

Por su parte, Juan Carlos Monedero reconoce que los errores de Podemos, al no haberse transformado en un partido-movimiento, facilitaron la derrota de la izquierda transformadora. Monedero sostiene que el auge de un elemento conservador reaccionario es la consecuencia de que una fuerza con rasgos revolucionarios no lograra cambiar las estructuras profundas del país, dejando la reacción servida.

Actualmente, Vox se posiciona como la fuerza que mejor recoge al electorado antiestablishment por ser más eficiente al construir el relato del agravio. Calderón critica la gestión de PSOE y Sumar comparándola con intentar vender vinilos en la era de Spotify. A pesar de ello, Monedero mantiene que el malestar social no ha desaparecido y que volverá a emerger, subrayando la necesidad de nuevas caras y un nuevo modelo de partido para el siglo XXI, recordando que la antesala de toda revolución es una gran conversación.

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