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Ecuador: Los signos de una deriva autoritaria en el gobierno de Daniel Noboa

El gobierno de Daniel Noboa, presidente de Ecuador, muestra signos cada vez más consistentes de una deriva autoritaria. De forma progresiva, el Ejecutivo concentra cada vez más poder, los contrapesos se debilitan y las reglas de la competencia política comienzan a reconfigurarse desde el propio oficialismo. Concentración progresiva del poder institucional En la Asamblea Nacional, [...] La entrada La deriva autoritaria de Ecuador se publicó primero en Confidencial .

Ecuador: Los signos de una deriva autoritaria en el gobierno de Daniel Noboa

El gobierno liderado por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa Azin, está manifestando señales consistentes de una deriva autoritaria. A través de un proceso progresivo, el Poder Ejecutivo ha comenzado a concentrar una cantidad creciente de facultades, provocando que los contrapesos institucionales se debiliten y que las reglas de la competencia política sean reconfiguradas desde el propio oficialismo.

En el ámbito legislativo, el gobierno de Noboa ha logrado consolidar una mayoría funcional dentro de la Asamblea Nacional mediante la incorporación de legisladores pertenecientes a fuerzas minoritarias. Esta estrategia no solo ha facilitado la aprobación expedita de las iniciativas gubernamentales, sino que ha mermado significativamente el rol del Legislativo como un poder independiente y un contrapeso efectivo frente a las decisiones del Ejecutivo.

Esta tendencia de alineamiento se extiende a otras instancias clave del Estado. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), organismo responsable de la designación de diversas autoridades, ha mostrado un comportamiento funcional a la lógica del poder político actual. De manera similar, la Fiscalía y la Contraloría han proyectado, en casos específicos, una actuación selectiva que refuerza la percepción de un alineamiento con los intereses del gobierno.

La tensión institucional también es evidente en la relación con la Corte Constitucional, donde se han producido diversos episodios de confrontación pública promovidos desde la Presidencia, reflejando una disputa abierta por los límites del control institucional. A esto se suman decisiones del Consejo Nacional Electoral, como el adelantamiento de las elecciones seccionales, que sugieren que las reglas del juego político han dejado de ser un marco estable para convertirse en parte de la disputa política.

El ecosistema informativo no ha quedado exento de este proceso. Se observa una reconfiguración de la prensa en la que coexisten medios tradicionales bajo presión y nuevos actores digitales afines al oficialismo, apoyados por estrategias de comunicación diseñadas para posicionar la narrativa gubernamental. Esta dinámica ha resultado en una reducción del pluralismo informativo. Las denuncias de presiones e intervenciones en medios críticos, ejemplificadas en el caso del diario Expreso de Guayaquil, ilustran un esquema sofisticado de acoso institucional e incentivos económicos que crean un entorno hostil para el periodismo independiente, donde la crítica es tratada como un elemento a gestionar.

Otro aspecto crítico es la recurrencia en el uso de los estados de excepción. Lo que debería ser un instrumento extraordinario para situaciones límite se ha transformado en un mecanismo habitual de gestión gubernamental, ampliando las facultades del Ejecutivo y reduciendo el control político sobre sus decisiones. Esta normalización de medidas restrictivas ha derivado en episodios de alarma pública, destacando el caso de los cuatro niños de Las Malvinas, donde la justicia determinó la responsabilidad de militares en una desaparición forzada. Este hecho evidencia los riesgos de prolongar lógicas de seguridad excepcionales, desplazando el equilibrio entre la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales.

En el plano internacional y normativo, el gobierno ha tomado decisiones que tensionan los principios básicos del orden democrático. La incursión policial en la embajada de México transgredió los principios de inviolabilidad diplomática, marcando un precedente negativo en la política exterior del país. Asimismo, la decisión de no encargar el poder a la vicepresidenta durante la última campaña electoral ha generado interrogantes sobre el respeto a la institucionalidad y las reglas de competencia.

Finalmente, el Ejecutivo ha buscado ordenar el sistema político basándose en antagonismos definidos, planteando el eje de confrontación principalmente como oficialismo frente al correísmo. Esta lógica binaria simplifica el debate público, facilita la legitimación de decisiones controvertidas y limita la emergencia de alternativas políticas intermedias.

El análisis advierte que las democracias contemporáneas suelen transformarse gradualmente a través de decisiones acumulativas. Ecuador ya vivió un proceso similar durante la década de Rafael Correa, caracterizado por la centralización y la presión sobre la oposición. Aunque el contexto actual sea distinto, los métodos de reconfiguración de reglas y reducción de espacios de control presentan paralelismos preocupantes. Ecuador no enfrenta una ruptura abrupta, sino una transformación gradual que podría redefinir de forma duradera las reglas de su sistema político.

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