Colombia enfrenta una profunda crisis en su sistema de partidos políticos. De los 35 con personería jurídica vigente, la gran mayoría adolece de problemas organizativos, ideológicos y una marcada falta de credibilidad ante la ciudadanía. Según un análisis reciente, casi ninguno cuenta con un sistema formal de afiliación, ni realiza congresos, asambleas o convenciones para definir sus programas y estatutos.
La ausencia de principios ideológicos sólidos y la falta de procedimientos democráticos para elegir direcciones y candidaturas son generalizadas. Las decisiones, en muchos casos, son tomadas por líderes y grupos clientelistas que imponen su voluntad a los partidos. Esta situación tiene raíces históricas, remontándose a los partidos Liberal y Conservador, nacidos en el contexto de las guerras civiles del siglo XIX y concebidos más como ejércitos que como espacios de deliberación política.
El Pacto Histórico, la coalición de izquierda más reciente, es una excepción parcial. Obtuvo su personería jurídica al inicio de la campaña electoral, lo que limitó su capacidad para organizarse internamente. Su congreso fundacional es una prioridad pendiente tras las elecciones.
Históricamente, el Partido Conservador ha predominado en el manejo del Estado, mientras que el Liberalismo tuvo dos períodos destacados: el Olimpo Radical (1863-1886) y el período revolucionario (1930-1945). Tras ser debilitado por dictaduras, el Liberalismo optó por un pacto con el Conservador a través del Frente Nacional, que repartió el poder durante 16 años.
La aprobación de la Constitución de 1991, resultado de negociaciones de paz y el desarme del M-19, representó un avance hacia la modernidad. Sin embargo, la falta de partidos democráticos sigue siendo una limitación para el desarrollo de la democracia colombiana, que requiere reglas claras y libertades para todos los ciudadanos.
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