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DÍA DEL ALBAÑIL: TRADICIÓN Y DESOLACIÓN EN MORELOS

CUERNAVACA.– Hoy, como cada 3 de mayo, las construcciones de Morelos lucen cruces adornadas con flores y listones. Es el Día del Albañil, una fecha de tradición y fe; sin embargo, detrás del simbolismo de la Santa Cruz, los trabajadores de la "cuchara" enfrentan un panorama desolador: salarios estancados, riesgos constantes y una ola de calor que ha vuelto el oficio una labor de supervivencia. La realidad del gremio no solo se mide en bultos de cemento, sino en estadísticas que encienden las alarmas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al cierre de 2025 el sector de la construcción en Morelos registró una pérdida de 2,171 empleos en comparación con el año anterior. Los datos del INEGI son contundentes: mientras que en 2024 la entidad contaba con 83,570 trabajadores en este rubro, para 2025 la cifra descendió a 81,399. Esta reducción anual refleja un desinterés creciente por un oficio que, aunque indispensable, ofrece pocas garantías. A los bajos salarios —que oscilan apenas entre los 11,400 y 14,400 pesos mensuales— se ha sumado un factor climático crítico. Con temperaturas que superan los 40 grados en diversas zonas del estado, las jornadas bajo el sol se han vuelto inhumanas, acelerando el desgaste físico de una plantilla que, además, está envejeciendo. "Cada día es más difícil ser albañil. El trabajo es pesado, el sol quema más que antes y el dinero ya no alcanza. Muchos jóvenes ya no quieren entrarle porque ven cómo terminamos: con dolores y sin seguridad", relata un maestro albañil de una colonia popular de Cuernavaca. La falta de estabilidad y la alta exposición a accidentes laborales han provocado que las nuevas generaciones busquen alternativas en otros sectores. Este "vacío" generacional amenaza con encarecer la mano de obra a futuro y dejar a la industria sin los conocimientos técnicos que solo se transmiten de maestro a aprendiz. Hoy los albañiles pedirán protección a la Santa Cruz, pero el reclamo en las obras es claro: mejores condiciones para un oficio que edifica el estado, pero que consume la salud de quienes lo ejecutan.

DÍA DEL ALBAÑIL: TRADICIÓN Y DESOLACIÓN EN MORELOS

Cuernavaca, Morelos – En un Día del Albañil marcado por la tradición y la fe, las construcciones en Morelos se adornan con cruces y flores, un contraste doloroso con la realidad que enfrentan los trabajadores de la construcción: salarios estancados, riesgos laborales constantes y el implacable calor que convierte su oficio en una lucha por la supervivencia.

La celebración anual, arraigada en la costumbre, no logra ocultar un panorama preocupante para el gremio. Los datos revelan una tendencia a la baja en el empleo y un deterioro en las condiciones laborales que amenazan la continuidad de un oficio esencial para el desarrollo del estado.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el sector de la construcción en Morelos experimentó una pérdida de 2,171 empleos entre 2024 y 2025. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirman esta disminución: de 83,570 trabajadores en 2024, la cifra descendió a 81,399 en 2025. Esta reducción anual refleja una creciente falta de interés en un oficio que, a pesar de su importancia, ofrece pocas garantías a sus practicantes.

La situación económica de los albañiles morelenses es precaria. Los salarios apenas alcanzan entre los 11,400 y 14,400 pesos mensuales, un ingreso insuficiente para cubrir las necesidades básicas de sus familias, especialmente en un contexto de inflación y aumento del costo de vida. A esta dificultad económica se suma el factor climático, que agrava las condiciones de trabajo.

Con temperaturas que superan los 40 grados Celsius en diversas zonas del estado, las jornadas laborales bajo el sol se han vuelto extenuantes y peligrosas. El calor acelera el desgaste físico de los trabajadores, incrementando el riesgo de golpes de calor, deshidratación y otras enfermedades relacionadas con la exposición prolongada al sol.

“Cada día es más difícil ser albañil. El trabajo es pesado, el sol quema más que antes y el dinero ya no alcanza. Muchos jóvenes ya no quieren entrarle porque ven cómo terminamos: con dolores y sin seguridad”, lamenta un maestro albañil de una colonia popular de Cuernavaca, reflejando el sentir de muchos de sus compañeros.

La falta de estabilidad laboral y la alta exposición a accidentes laborales han provocado que las nuevas generaciones busquen alternativas en otros sectores. Este “vacío” generacional representa una amenaza para la industria, ya que podría encarecer la mano de obra en el futuro y, lo que es más grave, dejar a la industria sin los conocimientos técnicos que solo se transmiten de maestro a aprendiz.

La pérdida de estos conocimientos ancestrales podría afectar la calidad de las construcciones y la preservación de técnicas tradicionales. Además, la falta de relevo generacional podría generar una escasez de mano de obra calificada, lo que dificultaría el desarrollo de proyectos de infraestructura y vivienda en el estado.

En este Día del Albañil, los trabajadores recurren a la protección de la Santa Cruz, símbolo de su fe y esperanza. Sin embargo, su reclamo es claro: exigen mejores condiciones laborales, salarios dignos y medidas de seguridad efectivas para proteger su salud y su integridad física.

La problemática que enfrentan los albañiles morelenses no es exclusiva de este estado. A nivel nacional, el sector de la construcción se caracteriza por la informalidad, la precariedad laboral y la falta de acceso a la seguridad social. Es necesario implementar políticas públicas que promuevan la formalización del empleo, la capacitación de los trabajadores y el cumplimiento de las normas de seguridad en las obras.

La construcción es un sector estratégico para el desarrollo económico y social de Morelos. Es fundamental garantizar condiciones laborales dignas para los trabajadores de este sector, no solo por razones de justicia social, sino también para asegurar la calidad de las obras y la sostenibilidad de la industria.

La situación actual exige una atención urgente por parte de las autoridades estatales y federales. Es necesario implementar programas de apoyo a los albañiles, promover la capacitación técnica y fomentar la inversión en seguridad laboral. Solo así se podrá garantizar un futuro digno para los trabajadores de la construcción y preservar un oficio que edifica el estado, pero que consume la salud de quienes lo ejecutan.

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