El PSOE aspira a recuperar el control en Andalucía tras el vuelco de 2018, marcando un posible segundo cambio de color mayoritario en el Parlamento andaluz. Desde las elecciones de 1982, el bloque de izquierdas PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía dominó la comunidad, alcanzando su punto álgido en 1990 con un 76,15% de los escaños frente a un 23,85% de la derecha. Durante décadas, el PSOE y sus aliados acumularon la mayor cantidad de diputados, llegando a obtener 66 escaños de los 109 en 1982, la mayoría absoluta más amplia en la historia de Andalucía.
La hegemonía socialista se mantuvo por encima del 60% durante gran parte de ese periodo, con una resistencia significativa en 2015, cuando las fuerzas progresistas sumaron un 61,47% de los diputados, a pesar de la emergencia de nuevas formaciones que rompieron el bipartidismo tradicional. Sin embargo, en los años noventa, se vislumbró un equilibrio de fuerzas que acercó el cambio. Entre 1994 y 1996, la llamada pinza , liderada por el PP e Izquierda Unida, bloqueó al gobierno socialista, aunque el bloque progresista conservaba la mayoría en el Parlamento.
En 2012, se produjo un momento clave cuando el PP, liderado por Javier Arenas, ganó las elecciones por primera vez, superando al PSOE en votos. Los populares obtuvieron 50 diputados frente a los 47 socialistas, un escenario inédito en Andalucía. A pesar de esto, el PSOE, con el apoyo de Izquierda Unida (12 escaños), logró mantener la Presidencia de la Junta otra legislatura.
El verdadero vuelco llegó en 2018, cuando el bloque formado por el PP, Ciudadanos y Vox superó al bloque de izquierdas, poniendo fin a tres décadas de gobierno socialista. El PP, con 26 diputados, llegó a la Presidencia de la Junta gracias a un acuerdo con Ciudadanos (21 escaños) y Vox (12 escaños). El PSOE, aunque ganó las elecciones con 33 representantes, no pudo retener el poder, incluso con los 17 diputados de Adelante Andalucía.
Las elecciones de 2022 confirmaron esta tendencia, con el PP obteniendo una mayoría absoluta de 58 diputados, permitiendo a Juanma Moreno gobernar sin necesidad de pactos. El bloque conservador sumó un total de 72 diputados, representando el 66% de los escaños del Parlamento andaluz, en comparación con el 54% que ostentaban en 2018.
En el contexto de las elecciones del 17 de mayo, el PP busca consolidar su mayoría absoluta y evitar la dependencia de otros partidos, un objetivo que Moreno ha expresado repetidamente. Por otro lado, el bloque de izquierdas se enfrenta al desafío de revertir la tendencia iniciada en 2018 y recuperar la posición mayoritaria en el Parlamento andaluz.
La historia electoral de Andalucía ha estado marcada por periodos de dominio absoluto del PSOE, momentos de equilibrio entre bloques y, más recientemente, un cambio de tendencia que ha favorecido al PP. Las próximas elecciones serán cruciales para determinar si se mantiene la actual correlación de fuerzas o si se produce un nuevo vuelco que devuelva a la izquierda el control de la comunidad. La capacidad de movilización de los votantes y la estrategia de los diferentes partidos serán factores determinantes en el resultado final. El electorado andaluz se encuentra ante una encrucijada que definirá el futuro político de la región en los próximos años. La campaña electoral se presenta intensa y llena de incertidumbre, con los diferentes partidos tratando de convencer a los votantes de que su proyecto es el más adecuado para Andalucía. La participación ciudadana será clave para legitimar el resultado de las urnas y garantizar la estabilidad política de la comunidad.











