entretenimientoGRUPO FRONTERA CONQUISTA HONDURAS: Éxito rotundo en Tegucigalpa
Tegucigalpa, Honduras.- Muchos todavía andaban en la fila del baño o negociando una bebida cuando el Nacional de Ingenieros Coliseum retumbó. Minutos antes de las 10:00 de la noche, el acordeón de Juan Javier Cantú disparó los primeros compases de "La del proceso". El griterío fue inmediato, Honduras llevaba esperando ese momento desde 2023. El "Triste pero bien cabr*n tour" era, de nombre, la carta de presentación de Grupo Frontera en el país. Solo de nombre, porque cuando empezaron a sonar "Por qué será", "De lunes a lunes" y "Amor propio", quedó claro que todas esas personas que llenaron el recinto no necesitaban presentación alguna. Se sabían cada letra, cada pausa, cada inflexión de Adelaido "Payo" Solís , el vocalista que a sus 23 ya carga con una voz que lo mismo intimida que desarma. Eso es, en gran parte, lo que diferencia a Grupo Frontera de buena parte del regional mexicano contemporáneo. Su sonido tiene una arquitectura particular que vale la pena entender. Se especializan en el subgénero de música norteña estilo regiomontana, pero lo que los hace inconfundibles es cómo esa base se expande. El acordeón de Cantú aporta el sello norteño tradicional mientras sus armonías con "Payo" construyen un tejido vocal característico, Julián Peña Jr. en las congas es el responsable del pulso tropical y cumbiero que los separa de otras bandas norteñas. Beto Acosta refuerza la base armónica desde el bajo quinto; y Carlos Guerrero en batería es quien marca el tempo y la energía en el escenario. Cinco piezas encajadas con precisión, cada una cumpliendo una función sin competencias. El calor de esa noche en Tegucigalpa era como un personaje más. El grupo no tardó en notarlo y en hacerlo suyo con la misma naturalidad con la que toman los escenarios. "Hay que encuerarse", soltó uno de ellos entre canción y canción, y el público, en su mayoría vestido con botas, sombrero y telas de denim y cuero, respondió con risas y con el vaso en alto. El repertorio avanzó con una cadencia que no dio respiro. "Monterrey", "Nadie como tú", "Que vuelvas", "Di que si", "Le va a doler" e "Imposible" se encadenaron una tras otra antes de que llegara el primer cover de la noche, el tributo a Santana y Maná con "Corazón espinado". Ahí quedó demostrado algo que ya es marca de la casa. Grupo Frontera ha construido su identidad expandiendo la cumbia norteña hacia otros territorios, incorporando en sus más recientes álbumes elementos de R&B, bachata y pop. En vivo, esa capacidad de moverse entre géneros sin perder el hilo funciona todavía mejor, porque el público lo siente como una conversación, no como un catálogo. Después vinieron "Me retiro", "Querida" —el clásico de Juan Gabriel que los presentes corearon sin cesar—, "Ojitos rojos" y "ALV". Y entonces Peña tomó el micrófono para comentar que la banda juega pádel en sus tiempos libres. El músico aprovechó la transición para rendirle un tributo a Bryan "Tato" Torres, el padelista profesional que murió en un accidente automovilístico en Tegucigalpa. "Era una chingonada para el pádel mi querido 'Tato' Torres, quiero que sepan que al igual que esta canción su recuerdo no se va de nuestros corazones", declaró. Y fue entonces cuando llegó "No se va", la canción que lo cambió todo. La idea de versionar ese tema fue del guitarrista Beto Acosta, fanático de Morat, quien pensó que el ritmo podía adaptarse fácilmente al estilo cumbia. Lo que ninguno imaginaba era que ese cover grabado en un cuarto prestado de madrugada —la pista termina en fade out porque los corrieron del lugar donde estaban grabando— se convertiría en el punto de partida de una de las historias más vertiginosas del regional mexicano reciente. En tan solo cuatro años desde su formación, Grupo Frontera pasó de tocar en quinceañeras a ser, como citó Billboard, "una boy band mexica-estadounidense que domina algunos de los escenarios más grandes del mundo". En Tegucigalpa, "No se va" sonó como lo que es: el inicio de todo, y al mismo tiempo, el resumen de quiénes son. La recta continuó con una ráfaga de canciones que no dejó a nadie quieto. "No capea", "Ya pedo quien sabe", "Altavoz", "911", "Ay mamá" y "Alch si" mantuvieron la presión alta antes de que el set final pusiera los últimos clavos. "Me jalo", "Bebé dame", "Un x100to" —que llegó al top 5 del Billboard Hot 100 junto a Bad Bunny—, "Frágil", "Tulum", "Hecha pa' mi" y "El amor de su vida" desfilaron como un repaso de todo lo que esta banda ha construido en menos de cuatro años, antes de que "Coqueta" pusiera el punto final a la noche. Las despedidas fueron generosas, repetidas y sinceras. "Muchísimas gracias Honduras. Nos vamos a ver muy pero muy pronto", dijo "Payo". Peña volvió al micrófono para soltar un "los amamos, arriba los catrachos. Sin ustedes no somos nadie, todo esto es un sueño que estamos viviendo cada día, créanme que vamos a volver". Mientras Cantú, el acordeonista con raíces en Monterrey que es el único integrante que no nació en Texas, cerró el ciclo diciendo "Honduras son una chingonada, arriba mi Honduras". Después lanzaron sombreros sobre una multitud que no quería que se acabara la noche. Y así, entre agradecimientos, Grupo Frontera cerró su primera visita a un país que los aguardó con paciencia y que ahora los espera con urgencia. Si esa promesa se va a cumplir pronto, como reza una de sus canciones, "Ya pedo quién sabe". .
viernes, 1 de mayo de 2026, 15:30
HN
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Grupo Frontera, el quinteto de McAllen, Texas, ofreció una presentación memorable en Tegucigalpa, Honduras, marcando su primera visita al país con el “Triste pero bien cabr*n tour”. El Nacional de Ingenieros Coliseum fue el escenario de una noche que los hondureños esperaban desde 2023, y la respuesta del público superó las expectativas.
La noche comenzó con la energía arrolladora de “La del proceso”, desatando la euforia de los asistentes. Rápidamente, canciones como “Por qué será”, “De lunes a lunes” y “Amor propio” confirmaron que la banda no necesitaba presentación alguna. El público coreaba cada verso, cada pausa, cada inflexión de Adelaido “Payo” Solís, el vocalista de 23 años cuya voz, a pesar de su juventud, posee una potencia y un matiz que cautivan al público.
Grupo Frontera se distingue dentro del panorama del regional mexicano contemporáneo por su sonido único y su arquitectura musical particular. Se especializan en el subgénero de música norteña estilo regiomontana, pero lo expanden con arreglos innovadores y una instrumentación que los hace inconfundibles. El acordeón de Juan Javier Cantú aporta el sello norteño tradicional, mientras que sus armonías con “Payo” Solís crean un tejido vocal característico. Julián Peña Jr. en las congas introduce un pulso tropical y cumbiero que los diferencia de otras bandas norteñas, mientras que Beto Acosta refuerza la base armónica con el bajo quinto y Carlos Guerrero marca el tempo y la energía en la batería. Los cinco músicos encajan con precisión, cada uno cumpliendo una función esencial sin buscar protagonismo individual.
El calor del público hondureño fue palpable desde el inicio, y la banda lo reconoció y lo abrazó con naturalidad. “Hay que encuerarse”, comentó uno de los integrantes entre canción y canción, provocando risas y aplausos entre el público, en su mayoría vestido con botas, sombreros y atuendos de denim y cuero. La estética del regional mexicano se fusionó con el ambiente tropical de Honduras, creando una atmósfera festiva y vibrante.
El repertorio avanzó a un ritmo constante, con éxitos como “Monterrey”, “Nadie como tú”, “Que vuelvas”, “Di que si”, “Le va a doler” e “Imposible”. La primera versión de la noche llegó con “Corazón espinado”, un tributo a Santana y Maná que demostró la capacidad de Grupo Frontera para expandir la cumbia norteña hacia otros territorios, incorporando elementos de R&B, bachata y pop. Esta versatilidad se sintió como una conversación con el público, no como una simple lista de canciones.
La noche continuó con “Me retiro”, “Querida” —el clásico de Juan Gabriel que fue coreado al unísono por el público—, “Ojitos rojos” y “ALV”. En un momento de pausa, Julián Peña Jr. tomó el micrófono para rendir homenaje a Bryan “Tato” Torres, un padelista profesional que falleció en un accidente automovilístico en Tegucigalpa. “Era una chingonada para el pádel mi querido ‘Tato’ Torres, quiero que sepan que al igual que esta canción su recuerdo no se va de nuestros corazones”, declaró Peña, generando un momento emotivo en el que el público aplaudió en señal de respeto.
El punto culminante de la noche llegó con la interpretación de “No se va”, la canción que catapultó a Grupo Frontera a la fama. La idea de versionar este tema surgió del guitarrista Beto Acosta, fanático de Morat, quien intuyó que el ritmo podía adaptarse fácilmente al estilo cumbia. Lo que nadie imaginaba era que esta versión, grabada de forma improvisada en un cuarto prestado, se convertiría en el punto de partida de una de las historias de éxito más vertiginosas del regional mexicano reciente.
En tan solo cuatro años, Grupo Frontera ha pasado de tocar en quinceañeras a ser, como lo describió Billboard, “una boy band mexica-estadounidense que domina algunos de los escenarios más grandes del mundo”. En Tegucigalpa, “No se va” resonó como el inicio de todo, y al mismo tiempo, como un resumen de la identidad de la banda.
La recta final del concierto incluyó una serie de canciones que mantuvieron la energía en su punto máximo: “No capea”, “Ya pedo quien sabe”, “Altavoz”, “911”, “Ay mamá” y “Alch si”. El set final fue un repaso de los éxitos que han construido en menos de cuatro años: “Me jalo”, “Bebé dame”, “Un x100to” —que llegó al top 5 del Billboard Hot 100 junto a Bad Bunny—, “Frágil”, “Tulum”, “Hecha pa' mi” y “El amor de su vida”. Finalmente, “Coqueta” puso el broche final a la noche.
Las despedidas fueron generosas, repetidas y sinceras. “Muchísimas gracias Honduras. Nos vamos a ver muy pero muy pronto”, dijo “Payo”. Julián Peña Jr. añadió: “Los amamos, arriba los catrachos. Sin ustedes no somos nadie, todo esto es un sueño que estamos viviendo cada día, créanme que vamos a volver”. Juan Javier Cantú, el acordeonista originario de Monterrey, concluyó diciendo: “Honduras son una chingonada, arriba mi Honduras”.
La banda lanzó sombreros al público, que no quería que la noche terminara. Así, entre agradecimientos y promesas de regreso, Grupo Frontera cerró su primera visita a Honduras, un país que los recibió con paciencia y que ahora los espera con ansias. Si esa promesa se cumplirá pronto, como dice una de sus canciones, “Ya pedo quién sabe”.