La ministra vocera de Gobierno, Mara Sedini, enfrenta una creciente presión política tras un dictamen desfavorable de la Contraloría y las constantes críticas de la oposición, que cuestionan su desempeño en la conducción comunicacional del Ejecutivo. Si bien en el sector opositor existe debate sobre si convertirla en el blanco principal de sus ataques, considerando que sus errores han facilitado la pérdida de agenda del Gobierno, figuras fuera de la izquierda ya proponen nombres para reemplazarla, como la republicana Ruth Hurtado, propuesta por la exdiputada María Luisa Cordero.
Han transcurrido 50 días desde la asunción del Presidente José Antonio Kast, y las encuestas, como la de Cadem, revelan que la ministra Sedini es la peor evaluada de su gabinete. Analistas atribuyen esta situación a un desempeño marcado por vocerías consideradas inseguras y diversos traspiés que han abierto flancos al Gobierno.
Ante este escenario, La Moneda ha implementado un plan para reposicionar a la ministra vocera. Actualmente, Sedini se encuentra de gira nacional, manteniendo encuentros con autoridades y parlamentarios, desde donde ha abordado temas de actualidad y ha recibido muestras de apoyo.
Inicialmente, la oposición había evitado confrontar directamente la gestión de Sedini, absteniéndose de realizar declaraciones o solicitar su renuncia, a diferencia de lo ocurrido con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, cuando se suspendió el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), lo que provocó el alza de los combustibles. La senadora socialista Daniella Cicardini fue una excepción, solicitando la renuncia de Quiroz en ese contexto.
La oposición también ha criticado al ministro de Vivienda, Iván Poduje, por sus destemplados comportamientos con parlamentarios opositores, pero no ha dirigido ataques similares contra Sedini. Esto se debe a que, hasta ahora, la oposición ha visto una ventaja en los errores cometidos por la ministra vocera, ya que sus intervenciones, según altos dirigentes, han provocado que el Gobierno constantemente pierda el control de la agenda.
Un ejemplo claro de ello fue el ataque sufrido por la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, tras la inauguración del año académico en la Universidad Austral. Antes de este incidente, el Gobierno enfrentaba diversos desafíos, incluyendo recortes presupuestarios, críticas a la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, por el oficio reservado solicitado previo a la remoción de la exjefa de inteligencia de la PDI, Consuelo Peña, y el retiro del apoyo a la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la ONU. Tras el ataque a Lincolao, el Gobierno logró instalar en la agenda la idea de que los estudiantes involucrados en actos violentos podrían perder los beneficios estatales en materia de educación superior, recuperando el control de la narrativa.
Sin embargo, la polémica generada por el almuerzo entre el Presidente Kast y sus compañeros de universidad en el Palacio de La Moneda, no fue cerrada por la vocera Sedini. En el Patio de los Naranjos, se limitó a señalar que se respondería en tiempo y forma, dando todos los antecedentes necesarios y que se utilizarían los canales institucionales . Según un miembro de la directiva de un partido opositor, tenían la agenda y, por no cerrar la polémica, se habló de eso toda la semana , agregando que es mejor no quitarle piso si va a perder la agenda .
Este criterio cambió tras el dictamen de la Contraloría, que apuntó directamente al Ministerio Secretaría General de Gobierno, liderado por Sedini, por haber publicado en redes sociales información que afirmaba que el Estado estaba en quiebra , solicitando la apertura de procesos disciplinarios. La Contraloría indicó que, si bien el ministerio puede informar a través de redes sociales y utilizar términos cotidianos, estos deben ceñirse a principios específicos, y que el Gobierno no pudo sustentar fáctica y técnicamente los términos específicos utilizados en la publicación. Además, reconoció que la Segegob admitió que las expresiones empleadas no cumplieron con los estándares de moderación, lo que pudo generar confusión en la ciudadanía.
Tras el dictamen, la presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, criticó directamente a la ministra vocera, señalando que la vocería es muy importante porque es quien va fijando la ruta política, quien va mostrando un camino, pero lo que hemos visto, aparte de los chascarros ling ísticos, es una ministra que no está incorporada en la toma de decisiones . Vodanovic agregó que Sedini no conoce los temas, no está preparada para poder señalar cuál es la ruta política y que está viviendo un exilio dorado, que la mandaron a recorrer el país en un ambiente confortable ( ) haciendo un trabajo de posicionamiento sin enfrentar la realidad .
Sedini ha respondido a estas críticas acusando de bullying a algunos sectores de izquierda. La diputada y jefa de bancada del Frente Amplio, Gael Yeomans, respondió a estas acusaciones en redes sociales, señalando que es que ella misma ocupaba el bullying como forma de hacer política , compartiendo videos en donde criticaba las vocerías de la exministra Camila Vallejo, y agregando que un poco de autocrítica no estaría mal .
A pesar de esto, las directivas de la oposición descartan una acción coordinada contra la vocera e incluso algunos creen que no se debería poner el foco en Sedini, ya que sus errores podrían ser útiles para la agenda progresista. Sin embargo, otros consideran que se está dando demasiado espacio a errores no forzados y, previo a la negociación del Plan de Reconstrucción Nacional en el Congreso, es importante centrarse en las autoridades debilitadas.
Algunos sectores fuera de la izquierda ya han comenzado a hablar de un posible cambio de gabinete. La diputada Pamela Jiles ha impulsado los nombres de las exministras Isabel Plá o Karla Rubilar, además del exdiputado José Miguel Castro. La exdiputada María Luisa Cordero, por su parte, ha pedido al Presidente Kast remover a la vocera y ha sugerido a la exsecretaria general del Partido Republicano, Ruth Hurtado, como opción de reemplazo.












