El Canal de Panamá se ha convertido en el centro de una creciente tensión diplomática entre Estados Unidos y China, con Panamá en medio del fuego cruzado. La disputa se intensificó tras la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Panamá de declarar inconstitucional un contrato con una empresa operadora de puertos con vínculos hongkoneses, lo que llevó a la administración panameña a retomar el control de las terminales de Balboa y Cristóbal.
Estados Unidos, junto con Bolivia, Costa Rica, Guyana, Paraguay y Trinidad y Tobago, expresaron su apoyo a la soberanía de Panamá y denunciaron lo que consideran un intento de China de politizar el comercio marítimo y ejercer presión económica. Señalan un aumento significativo en la detención de buques con bandera panameña en puertos chinos, supuestamente para inspección.
China, por su parte, rechazó las acusaciones, calificándolas de completamente infundadas y distorsiones de la realidad . El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino cuestionó el historial de intervención estadounidense en Panamá y acusó a Washington de hipocresía y de intentar convertir el Canal en una herramienta de seguridad.
La situación coincide con un aumento en la demanda de tránsito por el Canal, debido a la crisis en el Golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz, lo que ha provocado un incremento en los costos para los buques que buscan un cupo para cruzar la vía interoceánica, llegando a alcanzar subastas de hasta 4 millones de dólares. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) niega un colapso, pero reconoce un aumento en el número de buques en espera.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, agradeció la solidaridad de los países amigos y reafirmó que las decisiones de su gobierno se basan en fallos judiciales independientes, buscando mantener relaciones respetuosas con todas las naciones. La tensión subyacente recuerda las preocupaciones expresadas por el expresidente Donald Trump sobre la influencia china en el Canal.
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