La esencia del liberalismo, basada en la autonomía personal, requiere de instituciones independientes –Justicia y Prensa– para controlar al Estado y evitar abusos de poder. Este principio fundamental se ve desafiado por la administración de Javier Milei, evidenciándose en la reciente defensa incondicional del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por enriquecimiento ilícito. La movilización del gabinete a la Cámara de Diputados para respaldar a Adorni se interpreta como un desafío al trabajo de jueces, fiscales y la prensa, una táctica común en gobiernos con tendencias autoritarias, según análisis de expertos.
Santiago Caputo, cercano a Milei, ha señalado que el oficialismo no se identifica como liberal, sino como un movimiento que concibe la política como un enfrentamiento entre amigos y enemigos, donde la disidencia se considera una señal de inferioridad intelectual o perversión moral. Esta mentalidad se manifiesta en las agresivas respuestas del Presidente a periodistas que cuestionan la defensa de Adorni, acusándolos de “corruptos” y “chorros”.
Este estilo de confrontación está modelando la imagen de Milei a nivel internacional, generando preocupación sobre su respeto por la libertad de prensa, como lo expresó el embajador de los Países Bajos. La situación se complica con la falta de designación de un representante diplomático en Ámsterdam, a pesar de la nacionalidad argentina de la reina Máxima, y la controversia en torno a los ascensos en Cancillería, favoreciendo a funcionarios con vínculos con el kirchnerismo.
Internamente, la defensa de Adorni revela una lógica de poder similar a la practicada por Néstor Kirchner, priorizando la protección de los aliados por encima del debido proceso legal. La disparidad en el trato entre Adorni y el exsecretario de Infraestructura, Carlos Frugoni, también investigado por irregularidades, alimenta interrogantes sobre la existencia de dobles estándares y posibles prácticas de corrupción generalizadas. La gestión de Caputo, con su consigna “No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas”, añade otra capa de complejidad a este entramado, evidenciando una tensión creciente entre el gobierno y los medios de comunicación.
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