Panamá enfrenta una creciente influencia del crimen organizado dentro de sus cárceles, admitieron autoridades este lunes, tras el fallecimiento de un recluso vinculado a un cartel internacional de drogas en un tiroteo entre grupos rivales en el Centro Penitenciario La Joya, el complejo carcelario más grande del país. El incidente, ocurrido la semana pasada, ha puesto de manifiesto la capacidad de las pandillas para operar y ejercer violencia incluso tras los muros de las prisiones.
El director de la Policía de Panamá, Jaime Fernández, reconoció abiertamente la conexión entre la criminalidad en las calles y la actividad dentro de las cárceles. Por supuesto tiene que ver, sí, las pandillas también están en las cárceles. El crimen organizado y las estructuras criminales no solamente están fuera, están dentro , afirmó Fernández, respondiendo a preguntas sobre la relación entre ambos ámbitos.
La admisión de las autoridades se produce en un contexto de escalada de la violencia y el fortalecimiento de las estructuras criminales en Panamá. Fernández admitió que existen líderes pandilleros dentro de las prisiones que pueden ordenar actividades ilícitas, incluyendo asesinatos y robos de drogas entre organizaciones rivales, conocidos como tumbes . También hay cabecillas en las cárceles que pueden mandar a hacer este tipo de instrucciones , detalló.
La ministra de Gobierno (Interior) de Panamá, Dinoska Montalvo, respaldó las declaraciones del director policial, enfatizando que el crimen organizado se ha perfeccionado y que las autoridades se encuentran limitadas en su capacidad de actuar. Lamentablemente, el crimen organizado, como dijo el director, ha escalado, se ha perfeccionado y mientras a nosotros nos tengan maniatados con otro tipo de mecanismo para poder actuar , explicó Montalvo.
El tiroteo en La Joya no es un incidente aislado, sino parte de una lucha territorial más amplia entre pandillas que se extiende a otras zonas del país. Las autoridades han identificado una intensa rivalidad entre grupos criminales en el populoso barrio de San Miguelito, a las afueras de Ciudad de Panamá, y la provincia caribeña de Colón, una de las regiones más violentas de Panamá.
De hecho, este lunes se registró un doble asesinato en Colón, uno de los cuales involucró a un sicario, lo que evidencia la escalada de la violencia en la zona. Según el director policial, en Colón operan alrededor de 13 pandillas que se disputan el control territorial.
Las estadísticas de la Fiscalía General de la Nación revelan que Panamá registró 130 homicidios en el primer trimestre de 2026, lo que representa una disminución del 9% en comparación con el mismo período de 2025. Sin embargo, la provincia de Panamá y el distrito de San Miguelito siguen siendo las zonas más peligrosas del país, con 52 y 26 asesinatos respectivamente, seguidas de cerca por Colón, con 22 homicidios.
Las autoridades estiman que existen más de 180 pandillas en Panamá, muchas de las cuales están directamente involucradas en el narcotráfico. Estas organizaciones se encargan de transportar los alijos de drogas que provienen del sur del continente con destino a Estados Unidos y Europa, aprovechando la posición estratégica de Panamá como puente terrestre y marítimo.
La admisión de la influencia del crimen organizado en las cárceles plantea serias interrogantes sobre la seguridad y el control dentro de los centros penitenciarios. Las autoridades se enfrentan al desafío de fortalecer las medidas de seguridad, mejorar la inteligencia criminal y abordar las causas subyacentes de la violencia y la delincuencia para contrarrestar el avance del crimen organizado en Panamá. La situación exige una respuesta integral que involucre a las fuerzas de seguridad, el sistema judicial y las políticas sociales para abordar el problema de manera efectiva y garantizar la seguridad de la población.











