La muerte de Phoebe Handsjuk, una joven de 24 años, en Melbourne, Australia, el 2 de diciembre de 2010, sigue siendo un caso sin resolver, envuelto en interrogantes y sospechas de encubrimiento. El cuerpo de Handsjuk fue encontrado en el cuarto de residuos del edificio Balencea, en la avenida St Kilda Road, por la conserje del lugar, quien alertó a las autoridades tras encontrar el compactador de basura interrumpido y manchado de sangre.
La escena era macabra. La joven yacía boca abajo, con la pierna izquierda casi seccionada a la altura del tobillo. El análisis forense reveló que Handsjuk había sobrevivido a una caída de doce pisos a través del conducto de residuos, pero sucumbió a una hemorragia masiva. Las marcas de arrastre en el suelo indicaban que intentó escapar tras el impacto, pero sus heridas le impidieron hacerlo.
Phoebe Handsjuk era descrita por su familia como una persona compasiva, atlética y creativa, con una vida social activa a pesar de sus luchas contra la ansiedad y la depresión. En 2009, inició una relación intensa con Antony Hampel, un empresario de eventos de 40 años, proveniente de una familia influyente en el sistema judicial de Victoria. Familiares y amigos notaron un cambio drástico en Phoebe tras conocer a Hampel: se aisló, incrementó su consumo de alcohol y psicofármacos, y experimentó cambios de ánimo abruptos.
En los meses previos a su muerte, Phoebe abandonó el departamento de Hampel en varias ocasiones, buscando refugio en casas de amigos y familiares. Informes de terapeutas y testimonios de allegados documentaron episodios de control y abuso verbal por parte de Hampel. La joven oscilaba entre periodos de reconciliación y nuevas fugas, atrapada en una relación tóxica de la que, aparentemente, no podía escapar.
El día de su muerte comenzó como cualquier otro. A las 11:44, Phoebe fue captada por las cámaras de seguridad del edificio saliendo a la calle con su perro, tras la activación de una alarma de incendio. Vestía ropa deportiva. Esa fue la última vez que fue vista con vida.
Antony Hampel regresó al departamento alrededor de las 18:05 y encontró la puerta cerrada. Al entrar, descubrió un desorden: dos copas de vino usadas, fragmentos de vidrio en el suelo y manchas de sangre en el teclado de la computadora. El bolso y las llaves de Phoebe estaban en la encimera de la cocina, pero su celular había desaparecido. Hampel llamó a familiares de Phoebe, alegando que ella simplemente dormía o había salido a despejarse, e incluso ordenó comida a domicilio para él y el padre de la joven. El repartidor fue quien le informó que la policía estaba en el edificio.
La investigación policial reveló que el conducto de residuos era un tubo vertical de acero estrecho, con un mecanismo de resorte de cierre automático. Para ingresar, era necesario elevar la tapa con fuerza y mantenerla abierta mientras se introducía el cuerpo. Sin embargo, no se encontraron huellas ni en el asa ni en el marco de la compuerta, y el informe forense no halló lesiones en los dedos de Phoebe compatibles con el esfuerzo de forzar la apertura.
La hipótesis oficial, basada en un nivel de alcohol de 0,16% en sangre y la presencia de zolpidem, un hipnótico, en su organismo, fue que Phoebe accedió voluntariamente al conducto en un estado de confusión o sonambulismo. Sin embargo, esta teoría fue cuestionada por su familia y amigos, quienes argumentan que era físicamente improbable que una persona en ese estado pudiera ingresar al conducto sin ayuda o sin sufrir lesiones visibles.
La investigación estuvo plagada de inconsistencias y omisiones. Las copas de vino no fueron analizadas en busca de huellas dactilares, la sangre encontrada en el departamento no fue comparada con el ADN de Hampel, y los fragmentos de vidrio no fueron identificados. La computadora de Phoebe fue incautada seis meses después de su muerte, y para entonces, varios correos electrónicos habían sido eliminados. El disco duro de las cámaras de seguridad del edificio, que debía registrar los movimientos en los pasillos y ascensores, fue reportado como dañado justo después del día de la muerte, sin que se investigara si hubo manipulación intencional.
Además, no se levantaron huellas dactilares ni en el asa del conducto ni en la compuerta, ni se analizaron las pisadas de gran tamaño halladas en el pasillo del piso doce.
Un mensaje de texto enviado por Phoebe a familiares y amigos la noche anterior a su muerte, con un tono entre la ironía y la resignación, fue interpretado por su familia como un llamado de auxilio.
El abuelo de Phoebe, un exdetective de la policía, lideró una reconstrucción paralela del caso, junto con amigas de la joven, intentando ingresar al conducto de basura del Balencea. Comprobaron que era prácticamente imposible introducirse en la compuerta sin ayuda o sin lesiones visibles en los dedos y muñecas. Un perito forense consultado por la familia Handsjuk replicó el experimento con maniquíes de tamaño y peso similar al de Phoebe, obteniendo resultados consistentes.
En 2018, otra joven, Baillee Schneider, fue encontrada muerta en su apartamento de Melbourne, en circunstancias anómalas, tras terminar una relación sentimental con Antony Hampel. La familia de Schneider denunció inconsistencias en la investigación, similares a las del caso de Phoebe Handsjuk, alimentando las sospechas sobre la posible implicación de Hampel en ambas muertes.
A pesar de las numerosas pruebas omitidas y las inconsistencias en la investigación, la muerte de Phoebe Handsjuk sigue siendo oficialmente un accidente. No hay imputados ni sospechosos. La familia Handsjuk, sin embargo, continúa luchando por la verdad, convencida de que la muerte de Phoebe no fue accidental y que la influencia de la familia de Hampel en el sistema judicial australiano ha obstaculizado la investigación. La verdad, según ellos, permanece oculta, protegida por las grietas del sistema y la influencia de ciertos apellidos poderosos.










