Desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, los precios de los combustibles en Argentina aumentaron un 23,8%. A pesar de este incremento, el país ocupa el puesto 63 de 120 naciones en el ranking de asequibilidad de combustibles elaborado por Global Petrol Prices. El estudio indica que un ciudadano argentino promedio destina el 2% de sus ingresos mensuales a gastos de combustible, considerando tanto el precio en surtidor como el consumo promedio.
El ranking global revela disparidades significativas, influenciadas por los niveles salariales de cada país. Mientras que naciones como Bangladesh, Irlanda y Noruega presentan el menor impacto en los ingresos, Argentina se ubica en un grupo junto a Filipinas, superando a Rusia y Uruguay. En comparación regional, Argentina muestra un desempeño similar a Perú y Estados Unidos, aunque este último experimentó un aumento promedio del 31,1%.
A nivel global, Líbano, Surinam y Malawi lideran la lista de países con combustibles más caros en relación a los ingresos, mientras que los productores petroleros de Medio Oriente ofrecen precios más accesibles.
En Argentina, la petrolera estatal YPF jugó un papel crucial al diferir el impacto del precio internacional del crudo en los precios locales, una estrategia replicada por otras compañías. Esto buscó limitar la inflación y contener la caída del consumo, especialmente en el interior del país. De hecho, en abril se observó una leve baja en los precios de algunos combustibles en la Ciudad de Buenos Aires, con aumentos semanales menores al promedio anterior.
Las principales cadenas de estaciones de servicio, Axion, Shell y YPF, registraron ligeras disminuciones y estabilizaciones en los precios durante la semana del 13 al 20 de abril. El precio del barril de petróleo se mantiene en los USD 99,13 al cierre de esta nota. El desafío para Argentina reside en evitar que la combinación de aumentos internos y salarios estancados empeore su posición en el ranking de esfuerzo financiero.
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