Laura y Sergio, una pareja de San Isidro, comparten una historia de amor que desafía las convenciones románticas. Su vínculo, forjado a lo largo de décadas, demuestra que el amor verdadero a veces se encuentra en los lugares más inesperados: en la amistad, en la rutina diaria, incluso en la cercanía silenciosa. Su relato, una reflexión sobre la paciencia, la espera y el reconocimiento del amor verdadero, resuena con la pregunta universal: ¿podría ser que ya hayamos conocido al amor de nuestra vida y simplemente necesitemos abrir los ojos para reconocerlo?
Laura y Sergio se conocieron en 1986, cuando ella tenía 17 años y él 19. Sus caminos se cruzaron en el mismo círculo de amigos en San Isidro, compartiendo veranos en el club Don Bosco, salidas y momentos de juventud. Sergio observaba la vida de Laura de cerca, mientras que ella, siempre comprometida en otras relaciones, parecía ajena a su interés. Él conoció a mis tres novios , recuerda Laura con una sonrisa, reconociendo ahora la ceguera selectiva que la mantuvo inconsciente del afecto que sentía por él.
A pesar de la falta de reciprocidad romántica, Sergio nunca se alejó por completo. Permaneció como un amigo constante, ofreciendo su apoyo y compañía sin insistir demasiado. Su presencia silenciosa y su paciencia sugerían una intuición, una certeza de que su destino estaba entrelazado con el de Laura.
La oportunidad de explorar una relación más profunda surgió recién a los 25 años, cuando Laura terminó una relación sentimental. Corto con mi novio de ese momento y Sergio medio que me habla como para empezar a salir y yo no le daba bolilla, primero porque quería tener un año sabático porque siempre había estado con novio, ¿viste? Digo, un poco de aire, por favor , explica Laura, sobreactuando con simpatía. A pesar de sus intentos, Laura se mostraba reacia, no por desinterés, sino por miedo. Pensaba: si salgo con él y no funciona, pierdo a un amigo increíble . Además, anhelaba un tiempo a solas, un espacio para respirar y descubrirse sin la influencia de una pareja.
Este no fue el primer intento de Sergio por acercarse a Laura. Años antes, en una salida a bailar con amigos, él la había invitado a la pista, pero ella se resistía, utilizando incluso el codo para evitar su cercanía. En esa ocasión, durante un viaje en un Fitito con cinco personas, Sergio le había revelado a un amigo: Ojo que Laura es para mí . Sin embargo, Laura no estaba preparada para corresponder a sus sentimientos.
Un evento clave que fortaleció su vínculo fue la boda de unos amigos en común, Silvana y Mario. Sergio fue testigo del novio, y Laura de la novia. Ahí tuvimos un acercamiento importante porque le compramos el regalo juntos y compartimos todo ese proceso del casamiento que nos unió más , recuerda Laura, entrelazando sus dedos con cariño. Posteriormente, fueron elegidos como padrinos del primer hijo de la pareja, Nico. Siempre decimos que nuestro ahijado fue un centinela, porque ahí empezó todo , adelanta Laura. Las compras para el bebé, las salidas y los mimos al recién nacido se convirtieron en excusas perfectas para verse, construyendo silenciosamente algo más profundo.
El punto de inflexión llegó durante un viaje de Laura a México y Estados Unidos con amigas. Mientras buceaba en el Caribe, en Isla Mujeres y Cozumel, una revelación inesperada la golpeó: Estaba buceando en el Caribe y pensaba en él . En el silencio submarino, lejos de las distracciones cotidianas, su corazón se abrió y comprendió lo que sus ojos no habían percibido: ¡Me gustaba! .
Al regresar de sus vacaciones, Laura se sintió renovada y decidida: Ya quería empezar la relación con él, después de un año sabático de no darle bola, mi corazón lo sabía, ¡estaba lista para empezar! . La oportunidad se presentó cuando Sergio le comentó sobre su plan de acampar en el sur con otra pareja de amigos, Paul y Astrid. Ay, ¿me puedo sumar? , preguntó Laura con entusiasmo. Sergio era divino, un ser maravilloso, un hombre de bien, trabajador. Ya la forma que me miraba me derretía , describe, reviviendo aquellos momentos.
Todos aceptaron y el viaje comenzó. Se instalaron en Villa Pehuenia, en la bajada de la Bella Durmiente, un camping agreste sin comodidades. Los novios dormían en una carpa, mientras que Laura y Sergio en otra. Lo gracioso es que la primera noche pusimos los bolsos en el medio . Aún no había pasado nada. Es más, me morí de frío. Él por un lado de la carpa, yo por otro , relata divertida.
La noche decisiva llegó mientras caminaban por la orilla del lago, junto a unas rocas, cuando Sergio le propuso pasar la noche juntos. Laura no dudó. Obvio, hicimos rancho aparte . Regresaron a la base, levantaron la carpa y se aventuraron a acampar en otra bahía, solos. Que yo le digo mi bahía , aclara, anticipando lo que vendría. Se instalaron frente a un paisaje idílico: agua transparente, una islita con araucarias, cielo abierto. Fue re mágico . Esa noche, Sergio encendió un fogón y hablaron durante horas. Finalmente, Laura se atrevió a dar el primer paso: Le enchufé un beso , dice entre carcajadas. Pobre, después de tantos intentos el flaco ya estaba quemado, no quería arriesgarse a nada . Bajo un cielo despejado, vieron tres estrellas fugaces y, en silencio, hicieron sus deseos. Esa noche, sin saberlo, sus sueños comenzaron a hacerse realidad. Nuestro comienzo fue mágico , resume.
A la mañana siguiente, los bolsos ya no estaban más en el medio , Sergio la despertó con un ramo de flores silvestres: amancay. Es un dulce . Desde entonces, cada vez que regresaban a la Patagonia, él repetía el gesto. Pero lo que Laura valora no es solo el beso, sino la vuelta. Mientras caminaban de regreso al campamento, Sergio le tomó la mano con firmeza. Hasta hoy le digo que en ese momento supe que nunca más me iba a soltar, por la forma en que me agarró . Y no se equivocó.
Caminar de la mano, según Laura, es intimidad. En ese momento, se hicieron novios. Tenían 25 y 27 años y pronto se propusieron trabajar y construir una vida juntos. Dos años después, se casaron. Comenzaron sin recursos económicos. No teníamos un peso . Vendieron sus autos para pagar el anticipo de un departamento en Acassuso. No habían vivido solos antes, pasando directamente de la casa de sus padres a la vida en pareja.
Tuvieron dos hijos, Micaela y Santiago. Pagaron el crédito en cinco años y comenzaron a viajar. Se fijaron objetivos, como recorrer toda Argentina en familia. Cuando Mica tuvo 18, nos faltaban Chaco y Formosa, y pudimos cumplir el primer objetivo .
Luego, se propusieron conocer todas las cabeceras de partido de la provincia de Buenos Aires. Ciudades, estaciones, caminos perdidos. Visitaron 700 de los casi 1000 pueblos de la provincia. Viajar es nuestra terapia , explica Laura.
En ese recorrido, nació un nuevo sueño: tener una casa en un pueblo. En 2022, compraron un terreno en Ernestina, un lugar remoto del partido de 25 de Mayo, rodeado de campo. No había servicios básicos: ni luz, ni agua, ni señal telefónica. Era puro yuyo , recuerda. Iban todos los fines de semana, durmiendo en carpa incluso con temperaturas bajo cero, limpiando, cortando y construyendo de a poco. Sin saberlo, estaban volviendo al origen, reconstruyendo su historia desde cero.
Sin embargo, en medio de este proyecto, Sergio recibió un diagnóstico de cáncer de riñón. Estábamos comiendo un asado y lo noté raro. Le pregunté qué le pasaba. Y me dijo: No tengo buenas noticias .
Sergio fue operado y perdió el riñón, pero el tumor estaba encapsulado, evitando la necesidad de quimioterapia. La casa, el proyecto, el futuro todo quedó en pausa por un instante. Pero su vínculo no se rompió. Pensábamos en ese lugar para nuestra vejez y de golpe apareció el miedo .
Hoy, Sergio está sano y la casa está en pie, aunque todavía la terminan lentamente. Cada vez que pueden, se escapan a Moquehue , como bautizaron su refugio en Ernestina: Porque ahí empezó nuestra historia de amor .
Cuando Laura habla de Sergio, no duda en afirmar: Es el amor de mi vida . No lo dice desde la idealización, sino desde la experiencia y el tiempo compartido. Dormimos abrazados. Nos damos la mano en la calle. No nos vamos a dormir enojados. Si pasa algo, lo hablamos. Es muy amoroso, es fiel y compañero, es un ser excepcional , detalla, desbordada en elogios.
Laura define el amor como un verbo: El amor es el resultado de un verbo: amar. Cuando uno ama, va construyendo todos los días con pequeñas acciones. Por eso siento que hay mucho amor entre nosotros: porque todos los días nos lo demostramos. No hay que buscar una media naranja. Hay que ser dos naranjas enteras que eligen construirse todos los días .
La historia de Laura y Sergio es un testimonio de que el amor verdadero no siempre es un flechazo, sino un proceso gradual, una elección consciente y una construcción constante. Un amor que esperó, que se eligió y que se forjó a lo largo de más de tres décadas, demostrando que a veces, el amor de nuestra vida está más cerca de lo que imaginamos.












