El desierto de Atacama en Chile, reconocido mundialmente como el lugar más árido de la Tierra y poseedor de los cielos nocturnos más oscuros y claros del planeta, enfrenta una creciente preocupación por la conservación de sus condiciones únicas, esenciales para la investigación astronómica de vanguardia. La singular combinación de clima seco, elevada altitud y aislamiento de la contaminación lumínica ha convertido a Atacama en el hogar de algunos de los proyectos astronómicos más ambiciosos del mundo, incluyendo el Observatorio Europeo Austral (ESO) y el futuro Extremely Large Telescope (ELT).
La comunidad científica ha expresado su alarma ante la posibilidad de que el desarrollo de proyectos energéticos y otras actividades puedan comprometer la oscuridad del cielo, un recurso invaluable para la observación astronómica. El año pasado, una disputa con una compañía energética que planeaba construir un complejo de energía verde cerca del centro astronómico de Paranal, generó una ola de protestas y apelaciones por parte de astrónomos, físicos y premios Nobel. Afortunadamente, la empresa canceló el proyecto en enero, pero el incidente ha puesto de manifiesto la necesidad de regulaciones ambientales más estrictas y actualizadas para proteger las áreas astronómicas.
Las condiciones del desierto de Atacama son únicas en el mundo , explicó Chiara Mazzucchelli, presidenta de la Sociedad Chilena de Astronomía. Hay más de 300 noches al año despejadas, que significa sin nubes y sin lluvia . Esta excepcional claridad atmosférica permite a los telescopios captar imágenes y datos de una calidad sin precedentes, abriendo nuevas ventanas al conocimiento del universo.
El desierto alberga casi 30 sitios astronómicos, la mayoría administrados por organizaciones internacionales, que atraen a miles de astrónomos y científicos de todo el mundo cada año. En el corazón del llamado Valle de Fotones , instalaciones como Paranal operan con telescopios de última generación, desempeñando un papel fundamental en la investigación de los orígenes del universo y la búsqueda de vida en otros planetas.
En Chile se encuentran muchas de estas grandes instalaciones y en particular los telescopios de la ESO son las instalaciones astronómicas más potentes del planeta , afirmó Itziar de Gregorio-Monsalvo, representante de la ESO en Chile.
El Extremely Large Telescope (ELT), actualmente en construcción en Paranal, representa un salto cualitativo en la capacidad de observación astronómica. Con una inversión de 1.500 millones de dólares, 798 espejos y una superficie de captación de luz de casi 1.000 metros cuadrados, el ELT será 20 veces más potente que los telescopios ópticos más modernos y 15 veces más potente que el Telescopio Espacial Hubble de la NASA. Se espera que esté operativo en 2030 y permitirá a los científicos estudiar planetas similares a la Tierra y buscar signos de vida en ellos.
No hay ningún telescopio en ejecución, en construcción, que tenga una dimensión comparable , destacó Guido Vecchia, gerente del sitio de construcción del ELT.
La importancia de preservar la oscuridad del cielo de Atacama va más allá de la investigación astronómica. Los datos recopilados en los observatorios tienen implicaciones para nuestra comprensión del universo y las posibilidades de vida fuera de la Tierra. Una de las cosas que probablemente podrá hacer el ELT será observar planetas similares a la Tierra , dijo Lucas Bordone, astrónomo de la ESO. Estamos bastante seguros de que existen. En algunos casos sabemos que están ahí .
Para proteger la sensibilidad de los telescopios, los especialistas que trabajan en Paranal viven en una residencia subterránea, minimizando su impacto en el entorno. Las ventanas permanecen cubiertas, los pasillos están a oscuras y cualquier desplazamiento exterior se realiza con linternas, evitando la más mínima emisión de luz.
La cancelación del proyecto energético cerca de Paranal fue un alivio para la comunidad científica, pero también una llamada de atención sobre la necesidad de fortalecer las regulaciones ambientales. Daniela González, directora de la Fundación Cielos de Chile, señaló que la revisión de las normativas ambientales en curso podría permitir determinar ciertos radios de exclusión o de protección cercanos a los observatorios .
Sin embargo, Eduardo Unda-Sanzana, director del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, advierte que la situación sigue siendo precaria. A pesar de todo el ruido mediático de 2025 nos encontramos exactamente igual que el año pasado , lamentó.
La historia de Atacama sirve como un recordatorio de los desafíos que enfrenta la conservación de los cielos oscuros. En 1955, una importante estación solar, el primer observatorio internacional de heliofísica en Chile, tuvo que cerrar sus operaciones debido a la contaminación generada por la expansión de la actividad minera.
Ha habido 70 años para poder aprender de la historia y no repetir esos mismos errores , concluyó Unda-Sanzana, subrayando la urgencia de proteger este invaluable recurso para las generaciones futuras. La supervivencia de los observatorios y la búsqueda de respuestas a las preguntas más fundamentales sobre el universo dependen de ello.











