El cuarto domingo de Pascua, tradicionalmente conocido como el Domingo del Buen Pastor, resuena este año con un llamado a la reflexión sobre la figura de Jesús como el pastor que da la vida por sus ovejas. Esta celebración, arraigada en el capítulo diez del Evangelio de Juan, se complementa con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, destacando la necesidad continua de buenos pastores en la Iglesia Católica.
La imagen del Buen Pastor, con sus profundas raíces en la tradición cristiana, ha sido representada desde los primeros siglos a través de imágenes de Jesús cargando un cordero o una oveja sobre sus hombros. Estas representaciones, conservadas en las catacumbas romanas y en sarcófagos antiguos, simbolizan la ternura, el amor solícito, la mansedumbre, la paciencia y la entrega de Cristo por sus seguidores. La frase el buen pastor da la vida por sus ovejas encapsula la esencia de este sacrificio.
Sin embargo, en un mundo moderno dominado por la vida urbana y sus distracciones, la figura del Buen Pastor puede parecer distante o poco relevante. El autor, identificado como Alejandro, C.M.F., sugiere que, más que descartar la imagen clásica, debemos permitir que Jesús actúe como un hilo conductor que ilumine nuestra percepción de la vida y nos permita ver los acontecimientos con la mirada de Dios. Este hilo conductor, cuando se vive en conexión con Jesús, genera vida.
Jesús, el Buen Pastor, se manifiesta de diversas maneras: va por delante de sus ovejas, las llama por su nombre y las guía fuera del redil, abriendo la puerta a un camino de fe que puede conducir a la felicidad eterna. Se asemeja a un ascensor que eleva a los creyentes hacia el cielo. Además, busca activamente a las ovejas perdidas, demostrando una comprensión profunda de cada individuo, conociendo sus fortalezas y debilidades. Desde el momento del Bautismo, Jesús permanece presente en el corazón de cada creyente, acompañándolo en su camino y buscando incansablemente a aquellos que se alejan de Él, porque el rebaño no está completo sin cada una de sus ovejas.
El autor enfatiza que Jesús no es un mercenario a sueldo, sino que da su vida por sus ovejas porque las siente como suyas. Se interpone entre ellas y el peligro, protegiéndolas de todo daño. Asimismo, las conduce a buenos pastos , lugares de descanso, curación y abundancia, donde pueden recuperar sus fuerzas y experimentar la protección y cercanía de Dios. La Eucaristía, el Pan de Vida, se presenta como una ventana a la gran fiesta a la que estamos llamados.
Ante esta imagen del Buen Pastor, ¿qué se espera de los creyentes? En primer lugar, seguir al pastor y reconocer su voz, escuchando su Palabra que está disponible cada día. Acompañar al Pastor, viviendo como Él, es la mejor manera de conocerlo. Incluso, se sugiere la posibilidad de convertirse en pastores para otros, transmitiendo el mensaje de Cristo a las nuevas generaciones, como lo hicieron los Apóstoles y los Evangelistas.
En segundo lugar, dejarse conducir por Jesús, confiando en su guía y evitando buscar atajos peligrosos o dejarse influenciar por voces engañosas. El autor advierte contra la búsqueda de felicidad efímera a costa de la propia vida, instando a los creyentes a permitir que el Maestro los guíe hacia los verdes pastos .
Finalmente, se enfatiza la importancia de ser rebaño, reconociendo que en la soledad somos vulnerables y propensos a perdernos. Jesús desea que sus ovejas estén unidas, formando una comunidad de fe donde cada miembro es valorado y cuidado. Se recuerda que no somos quienes para juzgar o excluir a otros, ya que los compañeros de camino nos son dados por el mismo Cristo. El autor expresa su temor a que alguien se pierda por su culpa, resaltando la responsabilidad que tenemos unos con otros.
La imagen del Buen Pastor debe evocar en nosotros una sensación de paz, seguridad y confianza, al sentirnos en las manos de Dios Padre, quien cuida y protege a su pueblo. La pregunta final que plantea el autor invita a la introspección: ¿Experimentamos esa sensación de estar en buenas manos, en las manos de Dios Padre que pastorea nuestro alma? La reflexión sobre el Buen Pastor, por lo tanto, no es solo un ejercicio teológico, sino una invitación a vivir una relación personal y profunda con Jesús, el pastor que nos ama y nos guía en nuestro camino.









