La actuación de Morante de la Puebla en la plaza de toros de Sevilla ha sido descrita como una manifestación del duende , esa fuerza inexplicable que, según Federico García Lorca, reside en las memorias viejas y en la creación en acto. La periodista Sara Oñate, en un artículo publicado el 24 de abril de 2026, analiza cómo el torero sevillano conectó con ese espíritu artístico profundo durante su faena, evocando la genialidad de figuras como Goya, Paco de Lucía y Cristina Hoyos.
Oñate rememora la Teoría y juego del duende de Lorca, donde el poeta diferencia el duende de la musa y del ángel. El duende no es una inspiración sutil o una gracia divina, sino una fuerza que emana de las profundidades de la sangre, de la herida oscura y originaria, del dolor milenario. Es un poder misterioso que se siente, pero que ningún filósofo puede explicar, como ya apuntaba Goethe.
La periodista describe cómo cada lance de Morante en Sevilla estuvo embrujado por ese genio inasible. La profundidad de sus verónicas, la precisión de sus muletazos, la creación de redondos imposibles con la izquierda y la variedad de sus tandas, todo ello parecía estar guiado por una fuerza superior. Oñate destaca especialmente la quietud pétrea del torero, su capacidad para aguantar la embestida congelada a la mitad de un natural, y el toque sutil con el que templaba al astado hasta el remate final. Esta quietud, según la periodista, devolvía el aliento a los espectadores, hechizados por la maestría de Morante.
El artículo establece un paralelismo entre el arte de Morante y el de otros grandes artistas españoles. Así como Goya plasmó en sus pinceles la oscuridad y la intensidad de la condición humana, como Cristina Hoyos transmitió la pasión y el dolor del flamenco a través de su baile, y como Paco de Lucía encontró en la guitarra una forma de expresar tanto su amor como su condena, Morante de la Puebla se abandonó al pozo donde habita el genio .
Oñate subraya que, al igual que Paco de Lucía, Morante duda de su propia ciencia, pero ambos se atreven a entregarse por completo a su arte. El duende, según la periodista, ronda la herida oscura y originaria, el dolor milenario, la ofrenda insólita de un pueblo auténtico, y prorrumpe en el encuentro flamígero entre pasión y muerte. Es un fenómeno profundamente religioso, arraigado en la tierra española, donde el misterio del arte incuba en la sangre y surge, muere y revive en la noche de los tiempos.
La faena de Morante en Sevilla, por lo tanto, no fue simplemente una demostración de habilidad técnica, sino una experiencia trascendental, una conexión con el duende que ha inspirado a los grandes artistas a lo largo de la historia. La periodista concluye que el arte de Morante, como el de Goya, Paco de Lucía y Cristina Hoyos, es una manifestación de ese espíritu único y misterioso que define la identidad cultural española. La actuación del torero sevillano, en definitiva, fue una celebración de la pasión, el dolor y la belleza que residen en el corazón de la noche española.











