El Superclásico entre River y Boca, disputado en el Monumental, dejó más controversia que buen fútbol. El encuentro, marcado por un campo de juego en malas condiciones y un juego combativo, se desató en una fuerte polémica en los últimos minutos, con un presunto empujón de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta que desató la furia de todo River, quienes reclamaron un penal que, de concretarse, podría haber significado el empate. El árbitro Darío Herrera no sancionó la falta, e incluso amonestó a Gonzalo Montiel por las protestas, generando un clima de tensión que se extendió hasta el final del partido.
La jugada en cuestión se produjo en el tercer minuto de descuento, cuando un centro de Acuña al área encontró a Blanco forcejeando con Martínez Quarta. Las repeticiones televisivas mostraron un contacto entre ambos jugadores, con el brazo de Blanco apoyándose en la espalda del defensor millonario. La discusión central radica en si ese contacto fue suficiente para determinar un penal, o si se trató de una lucha cuerpo a cuerpo por la posición.
Un ex árbitro consultado por LA NACION calificó la situación como 50 y 50 , señalando que si bien existió un empujón innecesario , también observó una exageración por parte del jugador de River. Además, destacó que Herrera consideró la toma de distancia de Blanco y la falta de una fuerza excesiva en la caída de Martínez Quarta. Es un gris: no se puede decir que haya sido un error o un error grosero. Le dieron importancia a la visión en campo del árbitro, por encima de la fuerza que se pueda ver en la imagen o en la cámara lenta de la imagen sobre la supuesta infracción , explicó.
La protesta de River no se limitó al momento de la jugada. Al finalizar el partido, los jugadores millonarios rodearon a Herrera para exigirle explicaciones, mientras que los jugadores de Boca celebraban su victoria, la segunda consecutiva sobre su clásico rival tras el 2 a 0 de noviembre pasado. Las expresiones de frustración fueron evidentes, con gritos como Chiqui Tapia botón resonando en el Monumental y un tenso intercambio entre Martínez Quarta y Herrera, donde el defensor le espetó: Me extraña de vos, que vas al Mundial .
Martínez Quarta, en declaraciones posteriores al partido, reafirmó la postura de River: Sí, es penal, claramente, es lo que ven todos. [Lautaro Blanco] no tiene intención de jugar la pelota, siento el topetazo, no tiene intención de jugar. Por lo menos, el árbitro tuvo que haber revisado la jugada; no sé si lo que se habló la semana pasada [en la conferencia de prensa de los jugadores] habrá condicionado algo, pero bueno, el error es humano. Ahora hay que ser autocrítico, mirar para adelante que tenemos cosas importantes .
Más allá de la polémica final, el Superclásico también tuvo otros momentos de tensión arbitral. En la primera etapa, River reclamó una posible expulsión para Miguel Merentiel por una falta sobre Beltrán, mientras que Boca pidió la segunda tarjeta amarilla y la expulsión de Lautaro Rivero por una mano dentro del área que derivó en un penal a favor del equipo xeneize.
El penal a favor de Boca, sin embargo, fue correctamente sancionado tras la revisión del VAR. La clave estuvo en la modificación del reglamento respecto a las manos en el área. Según las nuevas reglas, para amonestar una mano, esta debe ser deliberada y voluntaria, con un movimiento claro para interceptar el balón. En el caso de Rivero, el árbitro determinó que su brazo extendido era una posición natural y no un intento de bloquear el balón, evitando así la expulsión.
Por otro lado, el reclamo de Boca por la posible expulsión de Bareiro tampoco prosperó. El árbitro consideró que la reacción del paraguayo ante una infracción de Colidio no ameritaba una segunda tarjeta amarilla.
En resumen, el Superclásico entre River y Boca fue un partido cargado de emociones, polémicas y decisiones arbitrales discutibles. La jugada final, con el presunto empujón de Blanco sobre Martínez Quarta, será sin duda el tema de conversación durante toda la semana, alimentando el debate sobre la actuación de Herrera y la necesidad de una mayor claridad en la interpretación de las reglas. El resultado final, una victoria para Boca, quedó empañada por la controversia, dejando a River con la sensación de haber sido perjudicado y con la esperanza de que la justicia deportiva revise la jugada en cuestión. El clásico, una vez más, demostró ser un partido que trasciende lo deportivo y se convierte en un espectáculo lleno de pasión, tensión y, en esta ocasión, polémica.











