Domingo 19 de abril de 2026 En un domingo marcado por el reciente viaje a la Luna con la misión Artemis II, el periodista del JAPE (Jurado de Arte Popular y Espectáculos) ha rescatado un texto del reconocido caricaturista y diseñador Wilfredo Torres, fundador del dedeté, en homenaje al próximo cumpleaños número 80 de Carlos Julio Villar Alemán, conocido afectuosamente como Carlucho. El artículo, una reflexión personal sobre la amistad y el talento de Carlucho, ofrece una mirada íntima a los inicios de una de las figuras más importantes del humor gráfico cubano del siglo XX.
Torres relata cómo, hace varios años, se planteó la mejor manera de homenajear a Carlucho, considerando opciones como una entrevista formal, un repaso biográfico o una recopilación de sus dibujos. Sin embargo, consciente del deseo de Carlucho de mantenerse alejado de la atención pública, se sintió indeciso. Para su sorpresa, el propio Carlucho le dio la solución: Torres, escribe lo que tú creas y dale el tono cercano de nuestra amistad. No hagas nada estricto ni edulcorante .
Siguiendo este consejo, Torres rememora su primer encuentro con Carlucho en 1970, cuando ambos colaboraban en la publicación en ciernes, el dedeté. En aquel entonces, Carlucho comenzaba a desarrollar el estilo caricaturesco que lo consagraría. El equipo inicial del dedeté era un semillero de talento, con figuras como Juan Padrón, Tomás Rodríguez Zayas (Tomy), Virgilio Martínez, Janer y Manuel Hernández, entre otros, además de colaboradores icónicos como Hernán H y su Gugulandia, el Gallego Posada y Luis Ruiz.
El ambiente en el dedeté era propicio para la creatividad, una vorágine creativa donde Torres, recién llegado del servicio militar, aprendió a observar y a aprender de sus compañeros. Vivió de primera mano el nacimiento y la evolución del artista Carlucho, presenciando el momento en que Virgilio Martínez, entonces director creativo del dedeté, reconoció el estilo definitivo de Carlucho.
La amistad entre Torres y Carlucho se forjó rápidamente, unida por experiencias compartidas como el servicio militar, gustos musicales similares y afinidad literaria. Torres destaca la camaradería y la colaboración que caracterizaban al equipo del dedeté, cualidades que, en su opinión, fueron clave para la supervivencia de la publicación a pesar de los contratiempos.
Un momento particularmente significativo para Torres fue una conversación entre Carlucho y Juan Padrón, el creador de Elpidio Valdés, sobre el dibujo de Carlucho y cómo solucionar problemas espaciales y de composición. Torres describe esta conversación como una clase magistral de arte , ya que Padrón le explicaba a Carlucho cómo adaptar la teoría del dibujo a las particularidades de la caricatura satírica, alterando los cánones establecidos para crear un estilo propio.
Para Torres, Carlucho es un genio, al igual que todos los que contribuyeron a crear el mito dedeté . Sin embargo, Carlucho, según describe Torres, es una persona modesta que, tras más de 20 años de alejamiento del humor satírico, se mostraba sorprendido de que su trabajo aún fuera recordado.
Su reencuentro, después de tanto tiempo, fue natural y espontáneo, reviviendo la amistad y la complicidad que los había unido en el pasado. Torres enfatiza la importancia de la amistad, diferenciando entre conocidos y amigos verdaderos, y afirma con seguridad que él y Carlucho son amigos. Sus reuniones, ahora más frecuentes, se han convertido en un refugio de reflexión y risas.
Torres analiza el estilo de Carlucho, destacando la limpieza de su línea y la ausencia de texturas, sugiriendo una posible influencia de Saul Steinberg, el gran dibujante rumano, en sus soluciones visuales. Describe cómo el dibujo de Carlucho evolucionó hacia la caricatura, manteniendo siempre un vínculo con el mundo de las historietas y los cómics. También resalta el uso puntual del color y el manejo magistral de la figura y los espacios, capaz de crear dibujos bellos y llenos de gracia y humor con un solo trazo.
Durante una cena, Carlucho le comentó a Torres que la reunión de tantos talentos en el dedeté en los años 70 fue una casualidad del destino, un evento poco común. A pesar de extrañar aquellos tiempos, Carlucho valoraba más las amistades que se forjaron durante esa época. Reconoció que, aunque no es aficionado a las nuevas tecnologías, siempre tiene presente a sus compañeros del dedeté.
Torres concluye su texto describiendo a Carlucho como un Marciano con un talento terrícola inusual , expresando su admiración por aquellos que contribuyeron a su formación y desarrollo como artista. Reflexiona sobre el paso del tiempo y los cambios en el mundo, pero reafirma la importancia de recordar y atesorar las verdaderas historias. Para Torres, haber presenciado el nacimiento de la obra de Carlucho y compartir gran parte de su vida ha sido un privilegio. Y, finalmente, reitera su convicción de que Carlucho es, sin duda, un marciano.







