La periodista estadounidense Elizabeth Kolbert, ganadora del premio Pulitzer en 2015 por su obra La sexta extinción , presenta su nuevo libro La vida en un planeta poco conocido , una recopilación de sus trabajos para la revista The New Yorker que explora la complejidad y las paradojas de la vida en la Tierra. Kolbert, en una conversación desde Nueva York, reflexiona sobre la época extraordinaria que vivimos, la responsabilidad del periodismo y la intrincada relación entre la humanidad y el mundo natural.
Kolbert enfatiza que la singularidad de nuestro tiempo reside en la velocidad y la escala del cambio que estamos imponiendo al planeta. Vivimos en una época extraordinaria porque, si analizas en profundidad la manera en la que estamos cambiando el planeta y miras todo el registro geológico de la Tierra desde que surgió la vida hace unos miles de millones de años, cuesta encontrar un momento con un cambio a la escala y velocidad como el que está ocurriendo ahora , afirma la escritora, basándose en el consenso científico.
La tarea de informar sobre temas medioambientales, a menudo cargados de malas noticias, no es sencilla. Kolbert lo describe como ser la mosca en la sopa , una posición incómoda pero necesaria. Nuestro objetivo no es hacer que la gente se sienta bien. Al menos esta es mi opinión. Creo que nuestra responsabilidad es contar la verdad. Si no le gusta a la gente, lo siento, pero así es el mundo ahora mismo , declara con firmeza. A pesar de la gravedad de los temas que aborda, Kolbert encuentra satisfacción en su trabajo, destacando la ironía de que la investigación de estas historias la ha llevado a lugares increíbles.
Uno de los aspectos más fascinantes que explora en su libro es la posibilidad de utilizar la inteligencia artificial para comunicarnos con las ballenas. Kolbert ha seguido de cerca un proyecto que busca descifrar los clics de los cachalotes, sonidos que se cree constituyen una forma de comunicación. Creo que es posible. Siguen trabajando, de hecho hablé con ellos hace poco, y creo que es totalmente posible que algún día tengamos, si no un diccionario del idioma de las ballenas, al menos una buena capacidad predictiva: cuando hagan cierto conjunto de clics, sabremos lo que van a hacer , explica. Si tuviera la oportunidad de hablar con una ballena, Kolbert comenzaría con una disculpa por la caza indiscriminada de estos animales en el pasado, motivada por la búsqueda de espermaceti, una sustancia valiosa utilizada en diversas industrias. Luego, le preguntaría sobre la experiencia de vivir bajo el agua, un mundo radicalmente diferente al nuestro.
La sexta extinción , tema central de su libro anterior, continúa avanzando. Kolbert señala una preocupante disminución en el número de insectos, considerados tradicionalmente resistentes debido a su rápida reproducción. Estamos viendo un descenso serio en el número de insectos. Estos se consideraban muy resistentes, pues se reproducen muy rápido y tienen muchas crías, pero parece que incluso los insectos están siendo afectados por la sexta extinción. Así que, por desgracia, la noticia es que continúa avanzando a buen ritmo, como cabría esperar cuando seguimos ejerciendo tanta presión sobre el mundo natural , advierte.
Kolbert aborda la compleja relación entre la humanidad y la naturaleza, cuestionando la idea de que matar animales es incompatible con el amor por la naturaleza. Claro, hay muchos cazadores y pescadores, hombres y mujeres, que aman profundamente la naturaleza. Nuestra relación con el mundo natural, desde nuestros ancestros, es la de depredadores omnívoros. Matamos muchos animales para comer. Forma parte de algo profundo de la psique humana. Y se pueden matar animales y amarlos , explica. Sin embargo, reconoce que el impacto de nuestras acciones se ha multiplicado exponencialmente con el crecimiento de la población mundial.
El libro también destaca el caso de Nueva Zelanda, un país con una fuerte conciencia conservacionista que ha implementado programas agresivos para erradicar especies invasoras. Kolbert describe a Nueva Zelanda como el ejemplo por excelencia de los efectos de las especies invasoras , un país que fue colonizado relativamente tarde en la historia humana y que carecía de mamíferos terrestres nativos, lo que hizo que su fauna aviar fuera particularmente vulnerable a la llegada de nuevas especies. El proyecto Predator Free New Zealand busca eliminar animales introducidos como las comadrejas, aunque la tarea es compleja y plantea dilemas éticos, ya que algunas especies invasoras, como las zarig eyas, son consideradas adorables a pesar de su impacto negativo en la fauna autóctona.
Kolbert también analiza el interés del expresidente estadounidense Donald Trump por Groenlandia, sugiriendo que este interés está directamente relacionado con el cambio climático y el deshielo del Ártico. Probablemente no [se puede explicar sin el cambio climático]. Explicar a Trump es como intentar explicar por qué un niño de dos años quiere algo, pero se ha vuelto mucho más fácil navegar alrededor de Groenlandia porque gran parte del hielo marino ha desaparecido , señala.
La periodista reconoce que comunicar la gravedad del cambio climático es un desafío, ya que las advertencias a menudo se perciben como alarmistas. Nos cuesta imaginar futuros realmente malos. Miras por la ventana y no parece que esté pasando nada tan terrible. La comida sigue llegando, continúas viendo la tele y yendo a trabajar. Pero lo que le estamos haciendo al clima es irreversible y nos está llevando a un estado que nuestra especie nunca ha experimentado , explica.
Kolbert se muestra pesimista sobre la respuesta de Estados Unidos al cambio climático, calificándola de trágica . A pesar de ello, mantiene una tenue esperanza de que aún se pueda evitar el desastre climático, aunque reconoce que el margen de maniobra es cada vez más estrecho. En cuanto a la posibilidad de comunicar mejor el cambio climático para movilizar a la acción, Kolbert admite que aún no ha encontrado la fórmula.
Finalmente, Kolbert reflexiona sobre su propia huella de carbono, reconociendo que sus viajes aéreos son una fuente importante de emisiones. Nunca he medido mis propios vatios. Pienso que llevo una vida de bajo consumo, excepto por los vuelos. Ahí disparo totalmente mi huella. No podría hacer mi trabajo sin volar. Siempre me pregunto si está justificado el carbono que genero. Supongo que eso lo deben juzgar los lectores , concluye. Su fascinación por lo desconocido la lleva a interesarse por el océano profundo, una frontera amenazada por la minería submarina, un lugar que le encantaría explorar algún día.









