Kevin Schwantz deslumbró en 1988 con su velocidad en 500cc y un inesperado gesto de admiración hacia Gabriela Sabatini. El estadounidense, que conquistó el Mundial en 1993, dejó una huella imborrable en el motociclismo y en el corazón de los aficionados, incluyendo una peculiar historia con la tenista argentina.
Nacido en Houston, Texas, el 19 de junio de 1964, Schwantz inició su carrera en el motocross antes de dar el salto a la velocidad, donde rápidamente demostró un talento natural. Su debut en el Campeonato Mundial llegó en 1986 con Suzuki, la marca a la que permanecería leal a lo largo de su trayectoria. Ese mismo año, sus resultados en el campeonato estadounidense llamaron la atención de los equipos, abriendo las puertas a su participación en el certamen ecuménico.
Desde sus primeras incursiones en el Mundial, Schwantz se destacó por una combinación única de determinación y técnica. Su estilo agresivo y su capacidad para extraer el máximo rendimiento de su Suzuki lo convirtieron en un rival temible. En 1987, logró sus primeras victorias en Japón y Alemania, esta última en una carrera donde también participó el argentino René Zanatta en la categoría de 250cc, aunque sin suerte.
La temporada de 1988 marcó un punto de inflexión en la carrera de Schwantz. A pesar de la falta de regularidad, su talento y carisma lo catapultaron al estrellato, convirtiéndolo en uno de los pilotos más populares del campeonato. Su popularidad se extendió rápidamente a Argentina, donde captó la atención de los aficionados no solo por sus habilidades en la pista, sino también por un gesto romántico que trascendió el ámbito deportivo.
Encantado con la tenista argentina Gabriela Sabatini, Schwantz le envió 500 rosas como muestra de su admiración. La iniciativa generó un gran revuelo en la prensa y se convirtió en tema de conversación en los circuitos. Fue algo fuera de lo común, una muestra de entusiasmo y admiración que en aquella época se volvió tema en más de una conferencia de prensa del campeonato , recordó un vocero del equipo Suzuki en una entrevista con ESPN.
Según fuentes cercanas al piloto, Schwantz se sentía inspirado por la historia de Sabatini y su ascenso en el mundo del tenis. En una entrevista con la revista Gente, realizada en el Autódromo de Paul Ricard, en Francia, el propio Schwantz admitió: Sí, estoy enamorado de Gaby .
La noticia no pasó desapercibida para la prensa internacional, que estableció un vínculo simbólico entre dos mundos deportivos aparentemente distantes: el motociclismo y el tenis de élite. Si bien Sabatini agradeció el gesto, no profundizó en la relación. Schwantz tampoco insistió en el tema, y la historia quedó reducida a una anécdota romántica. Un punto en común entre ambos deportistas era su pasión por las dos ruedas, ya que Sabatini reveló en una entrevista reciente que solía entrenar en moto.
Mientras el episodio de las rosas alimentaba el interés mediático, Schwantz finalizó la temporada de 1988 en octavo lugar con su RGV500, una moto que lucía como sponsor a una conocida marca de gaseosas. Ese año, estaba previsto que Argentina albergara una prueba del campeonato, pero la carrera fue cancelada debido a problemas presupuestarios.
El estadounidense continuó siendo un protagonista destacado en la categoría reina, logrando el cuarto puesto en 1989, el subcampeonato en 1990, el tercer puesto en 1991 y el cuarto en 1992. Finalmente, en 1993, alcanzó la gloria al conquistar el título mundial con una Suzuki que exhibía la publicidad de una reconocida marca de tabaco. Sus cuatro victorias en las primeras siete carreras le permitieron construir una ventaja decisiva en el campeonato, sumando un total de 248 puntos, superando a su compatriota Wayne Rainey, un referente de Yamaha, quien obtuvo 214 puntos.
Kevin era sinónimo de velocidad y arrojo. Sabía que el público quería espectáculo , declaró Rainey en Superbike News.
A lo largo de su carrera en 500cc, Schwantz acumuló un impresionante palmarés: 25 victorias en Grandes Premios, 29 poles positions y 26 récords de vuelta. Sus duelos épicos con Rainey marcaron una era dorada del motociclismo, en la que también destacaron otros talentos como Mick Doohan, Eddie Lawson y Wayne Gardner. La prensa internacional lo consideraba el piloto más espectacular del circuito por su manejo agresivo y su valentía al adelantar a sus rivales en las curvas más cerradas.
Nada reemplaza la sensación de correr al límite, pero el título fue la culminación de años de esfuerzo , afirmó Schwantz en una entrevista con Cycle World. La Federación Internacional de Motociclismo (FIM) lo incluyó entre los campeones más carismáticos de la historia.
Gabriela Sabatini, por su parte, continuó cosechando éxitos en el tenis profesional, ganando el Abierto de Estados Unidos y llegando a las finales de otros importantes torneos del circuito de la WTA.
El año 1995 marcó el final de la carrera deportiva de Schwantz. Tras varias temporadas marcadas por lesiones y recuperaciones, el piloto estadounidense anunció su retiro profesional, priorizando su salud y reconociendo las limitaciones físicas que le impedían competir al más alto nivel. Al año siguiente, Sabatini también se despidió del tenis profesional.
Correr en moto nunca puede ser completamente seguro , explicó Schwantz poco antes de su retiro. A veces te puedes caer a 200 km/h y no pasarte nada; y te puedes romper los huesos cayéndote a la mitad de velocidad .
Tras su retiro, Schwantz se mantuvo ligado al mundo del motociclismo como instructor, asesor y embajador de la marca Suzuki. Además, fundó la Schwantz School, una escuela de pilotos para jóvenes motociclistas en Estados Unidos. Su nombre fue incluido en el Salón de la Fama de la FIM, y es reconocido internacionalmente como uno de los grandes exponentes del motociclismo estadounidense.
Aunque nunca tuvo la oportunidad de correr en Argentina, Schwantz visitó el Circuito Internacional de Termas de Río Hondo durante las carreras de MotoGP que se disputaron allí entre 2015 y 2025, mostrando su sonrisa contagiosa. Podría volver a pisar suelo argentino en 2027, cuando el Autódromo de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez albergue una nueva edición del campeonato mundial.
Luciano Ribodino, un piloto argentino que tuvo la oportunidad de entrenar con Schwantz en Estados Unidos, recuerda con cariño su experiencia. Tengo los mejores recuerdos de Kevin. Su esposa de ese momento era española y ella era mi traductora. Él siempre estaba con nosotros y nos enseñó mucho sobre lo que teníamos que hacer en la pista. Me quería llevar a su escuela de pilotos en Atlanta, pero yo tenía solo 12 años y era muy chico. A la distancia siento que fue un error , relató Ribodino en diálogo con Infobae.
Es muy buena persona. Aparte, como profesional, como piloto campeón del mundo, era muy humilde y te explicaba, te mostraba por dónde tenías que ir y te aconsejaba. De diez con todos , agregó.
Ribodino también compartió una historia conmovedora que demuestra la calidad humana de Schwantz. En una de las pruebas, cuando yo pasé el reloj se puso en cero. La tanda estaba terminada. Yo vi que ya no tenía más tiempo y en la segunda curva tuve una caída, bastante fuerte. Entonces, yo sabía que en esos selectivos, si cometés algún error o te caés o lo que fuese, no tenés más chance de seguir. Volví al box. Había ido con mi abuelo, porque mi papá no había podido ir porque no le había llegado la visa. Estaba triste porque me había caído, era ya el segundo día, tenía muchas posibilidades de quedar seleccionado, pero esa caída me tiraba para atrás. Estaba triste y mi abuelo me estaba consolando y viene Kevin Schwantz y nos preguntó por qué yo estaba así, triste, medio con los ojos llorosos. Mi abuelo le dijo que era porque yo me había caído y no iba a poder seguir. Y ahí Kevin le dijo que yo era una gran persona y que tenía mucho talento y que me quedara tranquilo, que si hacía bien las cosas, tenía muchas chances de seguir en el selectivo. Eso demuestra lo que era él .
Finalmente, Ribodino reveló que le preguntó a Schwantz sobre la historia de las 500 rosas a Gabriela Sabatini, pero que el piloto estadounidense prefirió no hablar del tema. A 38 años de aquella anécdota que se viralizó sin la existencia de las redes sociales, Kevin Schwantz logró convertirse en campeón mundial en la categoría reina, dejando un legado imborrable en el motociclismo y en el corazón de los aficionados.












