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Richard Burton: El Espía Victoriano que Desafió Tabúes y Fronteras

Richard Burton: El Espía Victoriano que Desafió Tabúes y Fronteras
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Richard Burton, el aventurero más extravagante de la época dorada de la exploración victoriana, fue un hombre que parecía abarcar más vidas en una sola. Explorador, espía, diplomático, militar, traductor e investigador antropológico, Burton nació en Torquay, Inglaterra, en 1821 y falleció en 1890, dejando tras de sí un legado de hazañas y controversias que continúan fascinando. Dominaba 26 idiomas 40 contando dialectos , se infiltró en lugares prohibidos como La Meca y burdeles masculinos de Karachi, buscó las fuentes del Nilo y tradujo obras consideradas escandalosas para la sociedad británica de su tiempo, como "Las mil y una noches" y el "Kama-sutra".

Burton no solo expandió las fronteras del imperio británico, sino que también exploró temas que habrían horrorizado a la reina Victoria: religiones exóticas, drogas experimentales y, sobre todo, la sexualidad y el erotismo. Su vida fue un constante desafío a las convenciones sociales y una búsqueda incansable del conocimiento, sin importar cuán prohibido o peligroso fuera.

Su educación temprana fue inusual, aprendiendo latín a los tres años y griego a los cuatro, demostrando una capacidad ling ística asombrosa. Fue admitido en el Trinity College de Oxford, donde perfeccionó su esgrima, aprendió árabe y cetrería, pero su rebeldía y falta de respeto por las reglas lo llevaron a ser expulsado en 1842 por asistir a unas carreras de relevos sin permiso. Su salida fue tan teatral como su vida: alquiló un coche de caballos con un compañero infractor y se marcharon cabalgando por la calle principal de Oxford, tocando una trompeta de hojalata y despidiéndose de sus amigos.

Este espíritu rebelde le valió el apodo de "Dick el rufián" y lo acompañó a lo largo de su vida. Se definía a sí mismo como "un vagabundo, un extraviado un destello de luz, sin rumbo fijo" y sentía una profunda desconexión con Inglaterra, afirmando que era el único país donde nunca se sentía en casa.

Tras su expulsión de Oxford, Burton se unió al ejército de la Compañía de las Indias Orientales, donde su dominio de los idiomas locales gujarati, punjabi, telugu, pastún, marathi e hindustaní, además del persa y el árabe lo convirtió en un activo valioso para los servicios de inteligencia. Para camuflarse y acceder a lugares inaccesibles para los occidentales, adoptó la apariencia de un nativo, dejándose crecer el cabello y la barba, tiñéndose las manos y las piernas con henna y haciéndose llamar "Mirza Abdullah", un comerciante de ascendencia arabo-persa.

En 1845, el general Charles Napier le encomendó una misión particularmente delicada: investigar los burdeles homosexuales de Karachi con el objetivo de erradicar la prostitución masculina. Burton, como "Mirza Abdullah", se sumergió en este mundo con una atención al detalle que causó un gran escándalo en la sociedad victoriana y dañó su carrera militar. El hecho de que su informe revelara que muchos de los clientes eran soldados y oficiales británicos no ayudó a su situación.

Tras regresar a Inglaterra, escribió varios libros sobre las costumbres de los pueblos indios, pero su sed de aventura no se sació. Uno de sus mayores deseos era visitar La Meca y Medina, las ciudades santas del Islam, cuya entrada estaba prohibida a los no musulmanes bajo pena de muerte.

Burton se preparó meticulosamente para esta peligrosa empresa, estudiando teología musulmana, aprendiendo el Corán de memoria y convirtiéndose en un experto en la oración. Adoptó la apariencia de un doctor pastún llamado "Sheij Abdullah", se rapó la cabeza, se dejó crecer la barba e incluso, según algunos relatos, se sometió a la circuncisión para parecer más auténtico.

En 1853, viajó de Inglaterra a El Cairo, donde compró su atuendo de peregrino y ultimó sus preparativos. Tras una borrachera con un capitán albanés, partió hacia la tierra santa del Islam, iniciando un viaje en camello a través de un territorio inhóspito y peligroso.

En Suez, se unió a una caravana de peregrinos, entre ellos "Sa'ad el Demonio", un negro que llevaba regalos para sus esposas en Medina, y Sheij Hamid, un árabe perezoso que se negaba a rezar. Su libro sobre el viaje, "Peregrinaje a Medina y La Meca", se convirtió en un éxito en Inglaterra, gracias a sus detalles anecdóticos y su descripción vívida de las costumbres musulmanas.

Tras su aventura en La Meca, Burton puso sus ojos en otro lugar prohibido a los no musulmanes: la ciudad de Harar, en el Cuerno de África. Llegó allí disfrazado de mercader turco y logró obtener permiso para permanecer en la ciudad durante diez días.

Burton era audaz, pero no imprudente. Reconoció el peligro de encontrarse bajo el poder de un príncipe intolerante y sanguinario, y se mantuvo cauteloso.

Después de Harar, se dedicó a la búsqueda de las fuentes del Nilo, un misterio que había obsesionado a muchos exploradores. Su primera expedición, en la que participó junto a John Speke, fue atacada por nativos en Berbera. Speke resultó herido y Burton recibió una lanza en la cara que le dejó una cicatriz característica.

Tras recuperarse en Inglaterra y participar en la guerra de Crimea, retomó la búsqueda del Nilo. Partió de Zanzíbar con Speke y 132 porteadores, optando por atravesar el continente desde el Índico en lugar de remontar el río.

La expedición enfrentó numerosos desafíos, incluyendo enfermedades, insectos y terrenos difíciles. Finalmente, llegaron al lago Tanganika, desconocido para los occidentales, pero enfermos de malaria y casi ciegos.

Speke se recuperó más rápido y, al determinar que el lago Tanganika no era la fuente del Nilo, partió hacia otra masa de agua al norte, dejando a Burton atrás para recuperarse. Speke llegó al lago Victoria, que nombró en honor a la reina Victoria, y afirmó haber resuelto el misterio.

Su descubrimiento provocó una amarga disputa con Burton, quien se negó a creerle. La controversia se intensificó tras su regreso a Inglaterra, y una segunda expedición de Speke al lago Victoria confirmó su teoría, dañando aún más la reputación de Burton.

A pesar de este revés, Burton continuó explorando y escribiendo. Viajó a Estados Unidos para estudiar a los mormones, se casó con una aristócrata y fue enviado como cónsul a Fernando Poo, donde lanzó más expediciones a África y escribió varios libros sobre las costumbres de los pueblos que conoció.

También fue cónsul en Santos, Brasil, y Damasco, hasta que en 1872 aceptó el consulado de Trieste, Italia, su último destino. Allí, se dedicó a la literatura, traduciendo obras clásicas y escribiendo sobre Islandia y los etruscos.

Su curiosidad insaciable y su desprecio por los tabúes lo llevaron a traducir el "Kama-sutra" y una versión sin censurar de "Las mil y una noches", obteniendo ganancias significativas y desafiando las convenciones victorianas.

Tras su muerte, su esposa Isabel quemó varios de sus manuscritos, incluyendo una traducción del manual amoroso árabe "El jardín perfumado", temiendo el daño que podrían causar a su reputación. Sin embargo, el legado de Richard Burton como explorador, espía y traductor perdura hasta nuestros días, recordándonos a un hombre que vivió una vida extraordinaria y desafió los límites de su tiempo.

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