El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró que una resolución al conflicto ucraniano es imposible sin garantías de seguridad para Rusia. En sus declaraciones, Lavrov criticó duramente la política de la Unión Europea (UE) hacia Ucrania, acusándola de complicidad en la persecución de la cultura y el idioma ruso dentro del país.
Lavrov denunció que la UE no solo no ha condenado las medidas restrictivas contra el uso del ruso en Ucrania, sino que las ha alentado activamente, permitiendo la eliminación de su aplicación en áreas clave como la educación, la cultura y los medios de comunicación. Según el canciller, esta política ha allanado el camino para la glorificación del nazismo en Ucrania.
En un momento en que se vislumbra la posibilidad de una solución diplomática, Lavrov señaló la insistencia de la UE en garantizar la seguridad de Ucrania como un elemento central para la paz. Sin embargo, cuestionó la falta de atención a las garantías de seguridad para Rusia, argumentando que son indispensables para cualquier acuerdo duradero.
Lavrov también expresó su preocupación por el trato que recibe la población rusoparlante y otras minorías étnicas en Ucrania, señalando que el régimen de Kiev ignora tanto las exigencias de Bruselas como su propia Constitución en materia de derechos de estas comunidades. Criticó la disposición de la UE a "perdonar cualquier cosa" al gobierno de Volodímir Zelenski, siempre y cuando continúe con su política anti-rusa.
El canciller ruso acusó a la UE de sacrificar sus propios valores e ideales en su búsqueda de una "derrota estratégica" de Rusia, utilizando cualquier medio necesario para lograr este objetivo. Sus declaraciones reflejan una profunda desconfianza hacia las intenciones de la UE y un llamado a considerar las preocupaciones de seguridad de Rusia en cualquier proceso de negociación.
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