Perú se prepara para unas elecciones generales el 12 de abril, en un contexto de profunda crisis política que ha visto la sucesión de ocho presidentes en la última década. La inestabilidad ha estado marcada por figuras vinculadas al fujimorismo y la derecha conservadora, y podría encontrar un punto de inflexión con la elección de un nuevo mandatario y la implementación de un sistema legislativo bicameral.
La raíz de la crisis actual reside en la constante confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. El Congreso peruano ostenta un poder considerable gracias a la figura constitucional de la vacancia por incapacidad moral permanente . Este mecanismo, de carácter subjetivo, permite la destitución del presidente sin la necesidad de probar un delito específico, y ha sido utilizado en contra de Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Pedro Castillo y José Jerí, contribuyendo a la erosión de la gobernabilidad y la confianza en las instituciones.
A pocos días de la primera vuelta, las encuestas de Ipsos, IEP y CPI revelan una dispersión electoral notable. Ningún candidato presidencial supera el 13% de intención de voto, lo que indica una alta indecisión entre el electorado. Esta fragmentación hace que la posibilidad de alcanzar más del 50% de los votos válidos, necesario para ganar en primera vuelta, sea prácticamente nula.
De los más de 25 millones de peruanos convocados a las urnas, un 40% se mantiene indeciso o planea emitir un voto en blanco o nulo, añadiendo aún más incertidumbre al resultado final. La complejidad del proceso electoral se ve agravada por la extensión de la cédula de votación y el desconocimiento generalizado sobre las nuevas funciones de los senadores y diputados que conformarán el nuevo Congreso bicameral.
La clave para la gobernabilidad futura de Perú reside en la conformación y el funcionamiento del nuevo Congreso bicameral. La Cámara de Senadores, que no puede ser disuelta por el Ejecutivo, y una Cámara de Diputados fragmentada, condicionarán la capacidad de gestión del próximo presidente. La necesidad de construir consensos y negociar acuerdos será fundamental para evitar el bloqueo político que ha caracterizado a los últimos gobiernos.
Ante este panorama, es altamente probable que los dos candidatos más votados en la primera vuelta deban enfrentarse en una segunda vuelta el 7 de junio de 2026. La elección de un nuevo presidente no garantiza, por sí sola, la superación de la crisis. La capacidad de construir una agenda de gobierno que responda a las demandas de la población y de establecer un diálogo constructivo con el Congreso serán factores determinantes para lograr la estabilidad política y el desarrollo económico del país.
La situación actual refleja una profunda desconfianza en la clase política y en las instituciones. La sucesión de escándalos de corrupción, las acusaciones de abuso de poder y la incapacidad de los gobiernos para abordar los problemas sociales y económicos han erosionado la legitimidad del sistema político. La elección de un nuevo gobierno representa una oportunidad para recuperar la confianza de la ciudadanía y construir un futuro más próspero y justo para todos los peruanos.
El retorno al sistema bicameral, aunque busca fortalecer el equilibrio de poderes, también presenta desafíos. La coordinación entre las dos cámaras y la definición clara de sus competencias serán cruciales para evitar duplicidades y conflictos. Además, la fragmentación del Congreso podría dificultar la aprobación de leyes y reformas necesarias para el desarrollo del país.
La incertidumbre política y económica que atraviesa Perú ha afectado la inversión privada y el crecimiento económico. La inestabilidad ha generado un clima de desconfianza que ha disuadido a los inversores y ha frenado la creación de empleo. La superación de la crisis requiere la implementación de políticas económicas sólidas y transparentes que promuevan la inversión, la innovación y la competitividad.
Las elecciones del 12 de abril representan un momento crucial para el futuro de Perú. La elección de un nuevo presidente y la conformación de un nuevo Congreso bicameral podrían marcar el inicio de una nueva etapa en la historia del país, o perpetuar la crisis y la inestabilidad que han caracterizado a la última década. El resultado final dependerá de la voluntad de los ciudadanos y de la capacidad de los líderes políticos para construir un futuro mejor para todos los peruanos.











