Tegucigalpa, Honduras El arzobispo de Tegucigalpa, Vicente Nácher Tatay, compartió un mensaje con la feligresía con motivo del Sábado Santo, enfatizando el profundo significado de este día dentro de la tradición cristiana como un tiempo crucial de silencio, espera y reflexión.
En sus declaraciones, el prelado describió el Sábado Santo como un día impregnado de soledad, derivado de la ausencia física de Cristo tras su muerte. El Sábado Santo es un día de silencio y espera. Cristo está muerto y sin él una gran soledad invade todo , expresó, delineando el sentido espiritual que subyace a esta fecha particular. Sin embargo, puntualizó que esta soledad no implica un vacío existencial, sino que se fundamenta en el amor sacrificial de Cristo. Aunque podría parecer una jornada vacía y en cierto modo asume un gran vacío, no es un tiempo sin sentido, porque su muerte fue por amor y, por lo tanto, una oblación de amor , añadió.
El arzobispo Nácher Tatay destacó la naturaleza voluntaria del sacrificio de Jesús, subrayando que su muerte no fue impuesta, sino una entrega consciente. No lo mataron, sino que él se dejó dar muerte. Algunos, pensando en que serán como dioses, quisieran matar a Dios, pero eso es imposible, porque no puedes matar al que ha muerto por ti , manifestó, haciendo alusión a la imposibilidad de destruir el amor y la fe que Cristo representa.
A pesar de la tristeza inherente a la conmemoración de la muerte de Cristo, el arzobispo enfatizó la presencia constante de la esperanza. Ciertamente, hoy es un día en el que nos entristece la pérdida y nos sostiene la esperanza , indicó, reconociendo la dualidad de emociones que caracterizan este día para los creyentes.
En consonancia con la tradición litúrgica, el arzobispo recordó que el Sábado Santo es un día alitúrgico, es decir, un día en el que no se celebra la misa. Este sábado no se celebra la misa, es un día alitúrgico, para expresar también con la ausencia que el amor es más fuerte que la muerte , explicó, resaltando que la ausencia de la celebración eucarística sirve como un testimonio del poder trascendental del amor divino. En este contexto, destacó la importancia de la oración personal durante este día de recogimiento. Ante la soledad de la tumba, la oración se hace más esencial , afirmó.
La figura de María, madre de Jesús, fue presentada por el arzobispo como un símbolo de fidelidad inquebrantable. María, en la noche de la soledad, es signo de una iglesia que aún en la ausencia permanece fiel a su Señor , expresó, destacando el papel de María como un ejemplo de devoción y perseverancia en la fe.
El arzobispo Nácher Tatay aseguró a los fieles que no están solos en su duelo y reflexión. Los cristianos con María no estamos solos, porque también, en lo que parecía el final del camino, estamos juntos. Pero al mismo tiempo, sí, la iglesia experimenta la soledad, porque en este mundo solo la iglesia espera a un Dios muerto , dijo, reconociendo la paradoja de la fe: la soledad en la espera, pero la compañía en la creencia.
Finalmente, el arzobispo resaltó la importancia de la preparación de la Vigilia Pascual, la celebración que marca el fin del Sábado Santo y el inicio de la Pascua, como un acto de fe y esperanza. Por eso, hoy, en cada parroquia, en cada comunidad, se prepara con ilusión la celebración de la Vigilia Pascual, no como una evasión de nuestro presente, sino como expresión de una fe madura y valiente , concluyó, invitando a los creyentes a abrazar la Vigilia Pascual como una manifestación de su fe renovada y su esperanza en la resurrección de Cristo. El mensaje del arzobispo busca guiar a los feligreses a través de este día de introspección y preparación para la celebración de la Pascua, recordando el significado profundo del sacrificio de Cristo y la promesa de la vida eterna.












