VATICANO, 3 de abril de 2026 – En el primer Viernes Santo de su pontificado, el Papa León XIV, a través del predicador de la Casa Pontificia, el fraile capuchino Roberto Pasolini, instó a los cristianos a acercarse a la cruz “sin miedo”, reconociéndola no como un hecho aislado, sino como la culminación de una vida entregada al amor y a la voluntad del Padre. La homilía, pronunciada durante la solemne liturgia en la Basílica de San Pedro, marcó un momento de profunda reflexión sobre la Pasión del Señor y su significado para el mundo actual.
La celebración, que se desarrolló en tres momentos clave – Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y Comunión eucarística – estuvo marcada por el silencio y la contemplación. La ausencia de una antífona de entrada y la prolongada postración del Papa ante el altar, seguido por la oración en silencio de todos los presentes, establecieron un ambiente de recogimiento y penitencia.
El P. Pasolini, en su homilía, enfatizó la importancia de comprender la cruz en su contexto, como el punto culminante del camino de Jesús, un camino de escucha y acogida de la voz del Padre. “La cruz de Cristo corre el riesgo de permanecer incomprensible si la miramos sólo como un hecho aislado, como un acontecimiento repentino. En realidad, es el punto más alto de un camino, la culminación de toda una vida en la que Jesús ha aprendido a escuchar y acoger la voz del Padre, dejándose guiar día tras día hasta el amor más grande”, afirmó el predicador.
El fraile capuchino destacó la figura de Jesús como “el hombre de dolores que conoce bien el sufrimiento”, subrayando que Él nunca recurrió a la violencia o a la fuerza, ni siquiera a la tentación de destruir y empezar de nuevo. En este sentido, el P. Pasolini se refirió a los Cantos del Siervo, las cuatro composiciones poéticas del libro del profeta Isaías que describen una figura misteriosa que cumple la voluntad de Dios a través del sufrimiento vicario.
“Para comprender este camino en los días de la Semana Santa, la liturgia nos ha hecho escuchar los llamados cantos del Siervo del Señor. Son textos poéticos en los que el profeta Isaías había delineado la figura de un misterioso siervo, a través del cual Dios sería capaz de salvar al mundo del mal y del pecado. La tradición cristiana ha reconocido en estos cantos una prefiguración sorprendente y dramática”, explicó el predicador.
El P. Pasolini señaló que Jesús no solo escuchó estos cantos, sino que los vivió intensamente, con plena confianza en el Padre, reconociendo en la Pasión la “partitura de los cantos de amor y servicio” que le habían sido confiados. A través de este camino de obediencia, Jesús aprendió “la obediencia más difícil: la del amor al otro”.
Sin embargo, el predicador también lamentó que, en la actualidad, “la voz de Dios ya no orienta, no porque haya desaparecido, sino porque es una voz entre muchas, entre otras que prometen seguridad y bienestar”. Estas voces, según el P. Pasolini, “ya trazan la dirección de lo comúnmente aceptado”, dejando a menudo de lado la búsqueda de la justicia y la compasión.
En este contexto, el P. Pasolini alertó sobre la persistencia del sufrimiento y la muerte en el mundo, donde “los más frágiles pagan las consecuencias”. En este escenario, el predicador hizo un llamado a encontrar “una palabra, un canto que sepa orientar nuestros pasos hacia un mundo más justo”.
A pesar de este panorama desalentador, el P. Pasolini destacó la existencia de “una multitud silenciosa de personas que eligen una voz distinta: una voz que no grita, que no se impone con la fuerza; un canto discreto y obstinado que invita a amar y a no devolver nunca el mal recibido”. Estas personas, que no realizan gestos extraordinarios, “cada día intentan hacer de su vida algo que no sirve solo para ellos, sino también para los demás”, manteniendo “abierta la posibilidad de un mundo diferente”.
La Adoración de la Cruz, parte central de la Celebración de la Pasión del Señor, fue descrita por el P. Pasolini como “una ocasión especial para reconocer el misterio de Dios y reconciliarnos con la cualidad débil y fuerte de su amor por nosotros y por todos”. En este sentido, el predicador invitó a los fieles a “depositar esas armas que aún sostenemos en las manos”, incluso aquellas que parecen inofensivas, pero que pueden “debilitar, herir y vaciar de sentido y de amor nuestras relaciones cotidianas”.
El fraile capuchino aseguró que, “ayer como hoy, el mundo necesita ser salvado de la violencia del mal, de la injusticia que mata, de las divisiones que humillan”. Sin embargo, esta salvación, según el predicador, “no descenderá desde lo alto, ni podrá ser garantizada por decisiones políticas, económicas o militares”. En cambio, el mundo es “continuamente salvado por quienes están dispuestos a acoger los cantos del siervo del Señor como forma de su propia vida”.
Hacia el final de su homilía, el P. Pasolini resaltó que a los cristianos se les entrega “la partitura de la cruz”, que pueden acoger libremente si aceptan que “no hay ninguna circunstancia difícil que no pueda ser afrontada”, que “no hay ningún culpable al que debamos señalar con el dedo”, y que “no hay ningún enemigo que pueda impedirnos amar y servir”.
“Estamos nosotros, que al elegir no devolver el mal, al permanecer pacientes en las tribulaciones, al creer en el bien incluso cuando las tinieblas parecen devorarlo todo, podemos convertirnos, día tras día, en esos siervos de los que el Señor necesita para llevar la salvación al mundo”, afirmó el predicador.
En un tiempo marcado por el odio y la violencia, el P. Pasolini concluyó su homilía con un llamado a los cristianos a acercarse “sin miedo, más bien con plena confianza, a la cruz del Señor, sabiendo que es un trono en el que se aprende a reinar con Él, poniendo la vida al servicio de los demás”. Si los cristianos logran “mantener firme la profesión de nuestra fe”, sus días estarán llenos de “los cantos de la alegría y del sufrimiento, esa misteriosa partitura de la cruz en la que se reconocen las notas del amor más grande”.
La Celebración de la Pasión del Señor concluyó con la Santa Comunión, y el Viernes Santo continuará con el Vía Crucis presidido por el Papa León XIV en el Coliseo Romano.


