La actividad en Vaca Muerta ha alcanzado niveles récord durante los primeros meses de 2026, marcando una nueva fase de aceleración que supera las proyecciones anteriores, según un análisis de Rystad Energy. El vicepresidente de la consultora para Latinoamérica, Ernesto Díaz, señaló que tanto los pozos iniciados como las etapas de fractura han alcanzado máximos históricos, con alrededor de 55 pozos spud en marzo y más de 3.000 etapas de fractura en el primer trimestre.
Estos indicadores, según Díaz, son predictores clave del aumento futuro de la producción, señalando un ciclo de expansión más agresivo que en años anteriores. La cuenca ha pasado de perforar entre 10 y 15 pozos mensuales en 2018 y 2019 a más de 50 por mes en 2026, lo que representa una multiplicación por tres en menos de cinco años. De manera similar, las completaciones han aumentado de 500-800 etapas de fractura mensuales a más de 2.000, con picos superiores a 3.000.
El impacto en la producción es rápido, con los pozos perforados afectando la producción entre seis y doce meses después, y las fracturas mostrando resultados en un plazo aún más corto. Esto asegura un crecimiento de la producción para 2026 y 2027.
Sin embargo, el desafío actual no reside en la extracción en sí, sino en la infraestructura necesaria para evacuar y procesar el creciente volumen de gas asociado y líquidos del gas natural (NGLs). La capacidad de transporte, procesamiento y fraccionamiento se ha convertido en un cuello de botella, superando la capacidad actual del midstream.
Rystad Energy advierte que Vaca Muerta está entrando en una etapa marcada por la escala y las limitaciones logísticas, redefiniendo su historia de crecimiento. Se estima que la producción podría crecer entre un 30% y 40% en el corto plazo, lo que incrementará la demanda de inversiones en infraestructura de evacuación de gas, procesamiento y fraccionamiento de NGLs. YPF está trabajando en un polímero para reducir costos.
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