La llegada de 100.000 toneladas de petróleo ruso a Cuba representa un alivio temporal, aunque limitado, a la severa crisis energética que atraviesa la isla, exacerbada en los últimos meses por las políticas del gobierno de Estados Unidos. El cargamento, equivalente a unos 730.000 barriles, arribó esta semana a aguas cubanas, pero su impacto real se demorará casi un mes en sentirse, y su duración será de apenas unas pocas semanas, según análisis de expertos.
Jorge Piñón, investigador cubanoestadounidense y director para América Latina del Programa de Energía de la Universidad de Texas, minimizó la importancia del envío. Básicamente, representa muy poco. Hay personas que le dan mucha importancia, pero tiene una vida económica y humanitaria muy limitada , declaró a CNN. La necesidad más apremiante de Cuba no es crudo, sino diésel, lo que implica un proceso de refinación que prolongará la espera para que el combustible llegue a los consumidores.
El petróleo deberá ser trasladado desde el puerto de Matanzas a una refinería en La Habana, una instalación antigua y poco eficiente construida por Exxon en los años 50. Este proceso de transporte tomará entre cinco y siete días, y la refinación en sí misma, entre 20 días adicionales, según estimaciones de Piñón. Ramsés Pech, analista del sector energético mexicano, añadió que el crudo debe someterse a una evaluación exhaustiva antes de ser procesado, incluyendo análisis de laboratorio para determinar su calidad y verificar la ausencia de agua.
Una vez refinado, el combustible se distribuirá según las prioridades establecidas por el gobierno cubano. Cuba, con escasas reservas propias y afectada por apagones diarios, necesita aproximadamente 100.000 barriles diarios, cubriendo solo alrededor del 40% con producción nacional y una pequeña porción adicional a través de paneles solares. El cargamento ruso representa aproximadamente 740.000 barriles, lo que, según Piñón, solo durará entre 10 y 15 días. Pech, por su parte, estima una duración de entre 15 y 30 días, tras lo cual Cuba volverá a enfrentar la escasez energética que paraliza su economía.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel no ha anunciado planes específicos para el crudo ruso ni la posibilidad de racionamiento para prolongar su duración. Los sectores más urgidos son los hospitales, que dependen de generadores eléctricos alimentados con diésel, y el transporte, necesario para la logística esencial. Industrias y hogares podrían verse relegados en la distribución.
Piñón enfatizó la necesidad de priorizar los hospitales y el transporte selectivo, mencionando la acumulación de ayuda humanitaria en puertos como Mariel y Santiago de Cuba, que no puede ser distribuida debido a la falta de combustible. También sugirió la posibilidad de que el gobierno cubano mantenga reservas estratégicas en medio de las tensiones con Estados Unidos, recordando la reciente captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y la interrupción de los envíos de Caracas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó importancia al envío de petróleo ruso, afirmando que no le molesta que Cuba reciba combustible para sobrevivir. Trump había amenazado con aranceles a quienes proporcionen combustible a Cuba a fines de enero, pero luego suavizó su postura.
Mientras tanto, México se perfila como un posible aliado para Cuba. La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que su gobierno está trabajando con las autoridades cubanas para reactivar el suministro, tras un último envío de diésel en enero, previo a la advertencia comercial de Trump. Sin embargo, Piñón advierte que México debe equilibrar su deseo de ayudar a Cuba con la necesidad de no tensar las relaciones con Washington, especialmente en el contexto de las próximas negociaciones del tratado de libre comercio.
Pech, por su parte, considera poco probable que México envíe petróleo crudo debido a los altos precios y sus compromisos existentes, pero ve factible el envío de diésel, un producto más útil para Cuba que no requiere refinación. No obstante, señala que Pemex no estaría dispuesta a realizar envíos a precio de costo, lo que podría desequilibrar sus exportaciones.
La situación energética en Cuba sigue siendo precaria, y la llegada del petróleo ruso, aunque bienvenida, es solo una solución temporal. La isla depende de la ayuda externa y de la búsqueda de alternativas para superar la crisis, mientras que el futuro de las relaciones con Estados Unidos y la estabilidad de los suministros de Venezuela siguen siendo factores clave en su panorama energético. La incertidumbre persiste, y la población cubana continúa enfrentando apagones diarios y dificultades económicas.












