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Fe y contradicciones: Reflexiones en Semana Santa

Enseñaron más con su conducta que con cualquier anda, púlpito o altar.

Fe y contradicciones: Reflexiones en Semana Santa

Guatemala, 29 de marzo de 2026 – En un texto profundamente personal, Pedro Pablo Solares reflexiona sobre la compleja relación de sus padres con la fe y la religión, a cinco años de la partida de su madre y evocando las tradiciones de la Semana Santa que tanto apreciaba su padre. El relato, publicado hoy, ofrece una mirada íntima a las contradicciones inherentes a la creencia y la práctica religiosa, así como a la herencia cultural guatemalteca.

Solares describe a su madre como una creyente, aunque no particularmente devota, cuya religiosidad se intensificó hacia el final de su vida. Si bien poseía objetos de devoción como un rosario y una imagen del Niño de Atocha, estos parecían más ligados a la tradición familiar o a la búsqueda de consuelo que a una práctica religiosa constante. El autor recuerda con sorpresa el día en que su madre expresó su deseo de asistir a misa, un acto poco común en ella.

En contraste, su padre se identificaba más con el agnosticismo, considerándolo una postura más elegante que el ateísmo. Desconfiaba de los dogmas y rechazaba la imposición de creencias, pero a la vez sentía una fascinación particular por las tradiciones de la Semana Mayor, especialmente por las procesiones. A pesar de su escepticismo intelectual, llenaba la casa de música sacra y adornaba la mesa con corozo durante esta época del año, una imagen que el autor evoca con nostalgia.

Solares subraya que la contradicción entre la fe y la duda no es exclusiva de su familia, sino que es una característica inherente a la sociedad guatemalteca, marcada por una rica tradición ritual y una profunda herencia colonial. Señala que Guatemala es un país construido sobre los templos de su capital fundacional, y que la Semana Santa es una manifestación visible de esta contradicción, con su belleza y solemnidad contrastando con la complejidad de la fe.

El autor reflexiona sobre la narración del sacrificio de Cristo, evocada en púlpitos y altares durante la Semana Santa, y reconoce la belleza del arte y la nobleza del mensaje. Sin embargo, también es consciente de la contradicción que surge cuando se espera que esta conmoción inspire una vida coherente con los principios de amor y sacrificio.

El texto está impregnado de un sentimiento de nostalgia, acentuado por el gris y húmedo amanecer de un sábado que coincide con el aniversario de la muerte de su madre. La ausencia del corozo en la mesa y del sonido de las bandas de procesiones intensifica la sensación de pérdida y la reflexión sobre el legado de sus padres.

Solares se pregunta si aún puede encontrar guía en el recuerdo de sus padres, y concluye que sí, a través de sus principios y su ejemplo de vida. Destaca que sus padres le enseñaron más con su conducta que con cualquier ritual o dogma religioso.

El relato de Solares no busca ofrecer respuestas definitivas sobre la fe o la religión, sino más bien invitar a la reflexión sobre las contradicciones inherentes a la experiencia humana y la importancia de vivir con autenticidad y coherencia. Es un testimonio conmovedor sobre la memoria, la tradición y la búsqueda de significado en un mundo complejo y cambiante. La Semana Santa, en este contexto, se convierte en un espejo que refleja las tensiones y las posibilidades de la condición humana. El autor, a través de su relato, nos invita a contemplar la belleza y la contradicción de la fe, y a encontrar en el recuerdo de nuestros seres queridos una guía para vivir con principios y propósito. La reflexión final es un llamado a la introspección y a la valoración de la enseñanza que recibimos de aquellos que nos precedieron, más allá de las formalidades religiosas o las imposiciones dogmáticas.

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